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La batalla de Aljubarrota, 14 de agosto de 1385

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Eran los primeros pasos de la conocida como Era de los descubrimientos, que llevó a los portugueses por toda la costa africana e incluso a la India, al Pacífico y a Brasil. Todavía hoyPortugal se apoya en su pasado, y en sus epopeyas por los mares, para reclamar el origen de su soberanía y reivindicar su propio peso en la Europa actual.
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Exploración de Ceuta en Busca de Restos Romanos

 


Ceuta, una ciudad autónoma española situada en el norte de África, es un lugar lleno de historia y cultura. A lo largo de los siglos, Ceuta ha sido un crisol de civilizaciones, incluyendo la fenicia, la cartaginesa, la romana, la bizantina, y muchas otras. En esta guía, nos centraremos en la exploración de los restos romanos que aún se pueden encontrar en esta fascinante ciudad.

Historia de Ceuta en la Época Romana

Durante la época romana, Ceuta era conocida como "Septem Fratres", un nombre que hacía referencia a las siete colinas de la región. Fue un importante punto estratégico para los romanos debido a su ubicación en la entrada del Mar Mediterráneo, lo que facilitaba el control sobre el tráfico marítimo.

Sitios de Interés Arqueológico

1. Museo de Ceuta

El Museo de Ceuta alberga una impresionante colección de artefactos romanos. Aquí, los visitantes pueden ver monedas, cerámicas, esculturas y otros objetos que ofrecen una visión única de la vida en la Ceuta romana. El museo también ofrece exposiciones temporales que se centran en diversos aspectos de la historia local.

2. Yacimientos Arqueológicos de Benzú

En las afueras de la ciudad, en la zona de Benzú, se encuentran los restos de una antigua villa romana. Este yacimiento ofrece una oportunidad única para explorar los cimientos de antiguos edificios y descubrir cómo vivían los romanos en esta parte del mundo. A menudo se organizan visitas guiadas que ayudan a los visitantes a comprender mejor el contexto histórico de estos restos.

3. Murallas Meriníes

Aunque las murallas meriníes son posteriores a la época romana, su visita es imprescindible. Estas fortificaciones fueron construidas sobre estructuras anteriores, algunas de las cuales eran de origen romano. Las murallas ofrecen una vista panorámica de la ciudad y el mar, y son un testimonio de su importancia estratégica a lo largo del tiempo.

Consejos para los Exploradores

  • Visitas Guiadas: Participar en visitas guiadas puede enriquecer tu experiencia al proporcionarte información detallada e historias fascinantes sobre los lugares que visitas.

  • Horario de Visita: Asegúrate de verificar los horarios de apertura de los sitios arqueológicos y el museo, ya que pueden variar según la temporada.

  • Respeto por el Patrimonio: Al explorar los sitios arqueológicos, es importante respetar las normas y no dañar los restos. Esto ayuda a preservar el patrimonio cultural para las futuras generaciones.

Conclusión

La exploración de Ceuta en busca de restos romanos es una actividad enriquecedora que permite a los visitantes conectarse con el pasado de una manera única. Ya sea que seas un aficionado a la historia o simplemente alguien con curiosidad por la cultura antigua, Ceuta ofrece una experiencia inolvidable.

Enero 2025...Carlos Cordero

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FRONTERA DE CEUTA 1960







 En 1960, la frontera entre Ceuta y Marruecos era muy diferente de la que conocemos hoy. No existían las altas vallas metálicas, los sistemas electrónicos de vigilancia ni los grandes dispositivos policiales actuales. Era una frontera mucho más sencilla y, en muchos aspectos, más permeable.

Solo cuatro años antes, en 1956, Marruecos había obtenido su independencia del Protectorado español y francés. A pesar de ello, la frontera de Ceuta siguió funcionando con relativa normalidad. La delimitación territorial vigente era la establecida tras la Guerra de África de 1859-1860, y España mantuvo el control de Ceuta.

En aquella época:

  • Existía un puesto fronterizo español y otro marroquí, pero las instalaciones eran modestas.
  • El principal paso era el del Tarajal, aunque también había controles en otros puntos de la frontera.
  • No había doble valla ni alambradas de varios metros de altura.
  • Los controles consistían principalmente en casetas de aduanas, barreras y la presencia de la Policía Armada, Guardia Civil y funcionarios de Aduanas.

La frontera registraba un intenso tránsito de personas.

Cada día cruzaban:

  • Trabajadores marroquíes que acudían a Ceuta.
  • Comerciantes que abastecían ambos lados de la frontera.
  • Militares españoles destinados en la zona.
  • Familias con vínculos a ambos lados de la frontera.

El paso era más lento que hoy, pero también menos restringido en muchos aspectos.

En 1960 la frontera tenía una gran importancia estratégica.

Era habitual encontrar:

  • Patrullas de la Guardia Civil.
  • Soldados del Ejército de Tierra.
  • Unidades de La Legión en las proximidades.
  • Puestos de observación en zonas elevadas como el Serrallo y Sierra Bullones.

El ambiente era de vigilancia, aunque sin la infraestructura de seguridad que apareció décadas después.


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EL TRAZADO DEL FERROCARRIL CEUTA-TETUAN


Ignacio Alcaraz nos ofrece una detallada descripción del trazado del ferrocarril, realizando un hipotético viaje entre Tetuán y Ceuta: «El trayecto, de unos cuarenta kilómetros, era digno de ser contado. Tetuán, que se halla recostada sobre una blanda ladera del monte Dersa, iba quedando a la izquierda, separada de la vía por un paseo de circunvalación. El acceso a la estación también quedaba a la vista, con los jardines del cónsul Cajigas al fondo y las casa colgantes de la Luneta, calle corazón de la ciudad.

Seguidamente aparecían núcleos de cañaverales y huertas. De no muy lejos llegaba el aroma de Quitzan, la tierra que da las naranjas más dulces del país, mezcla de canela y azúcar. Por un primer paso a nivel se salvaba la carretera del Río Martín, y luego la llamada Puerta de la Reina. Primera parada obligatoria en Malalien, y luego, a la izquierda del aeródromo, comenzaba a verse la brillante línea del mar. La siguiente estación era la de Rincón del Medik, un poblado de mil habitantes, rico en pesca y agricultura, donde el tren se detenía un buen rato. Allí subía y bajaba una gente heterogénea, se acopiaban mercancías y se hacinaban cajas de pescado: chernas, besugos, sardinas, meros y otras capturas, que servían para abastecer los mercados centrales.
Aprovechando las facilidades que ofrece la llanura costera, el ferrocarril seguía su camino entre matorrales y erectas palmeras, siempre bajo el yodado perfume del mar. Se atravesaban zonas pantanosas y eran frecuentes los apeaderos para que los indígenas pudieran hacer uso de los coches. Nueva parada en Dar Riffien, acuartelamiento de la Legión Extranjera.
Después, Castillejos, punta pedregosa de la costa y nombre evocador de las hazañas del general Prim. A poca distancia, la frontera, donde, por cierto, el paso del convoy era libre y sin sujetarse a ninguna formalidad aduanera. Así se llegaba a Ceuta, casi a la altura del puerto. La estación terminal era de factura análoga a la de Tetuán».
Las estaciones del recorrido, con sus correspondientes puntos kilométricos, eran las siguientes:

Muelle: 0,0
Ceuta: 0,5
Miramar: 2,9
Castillejos: 8,0
Dar Riffien: 11,1
Negro: 13,8
Rincón del Medik: 24,9
Malalien: 38,1
Tetuán: 41,0
FUENTE: ARRAKIS.ES
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HISTORIA DEL MAR CEUTA

EL BARCO CIUDAD DE CEUTA 1928

ciudad de ceuta 1935


El Ciudad de Ceuta 1973

El nombre "Ciudad de Ceuta" lo llevaron varios barcos de la histórica naviera Trasmediterránea, por lo que no se trata de un único buque. Todos ellos estuvieron muy vinculados a la ruta entre Ceuta y Algeciras, una de las conexiones marítimas más importantes de España.

El primer "Ciudad de Ceuta" (1928)

El primer barco con ese nombre fue botado en 1928. Originalmente se llamaba General Sanjurjo, pero con la llegada de la Segunda República, en 1931, fue rebautizado como Ciudad de Ceuta. Cubría habitualmente las líneas entre Algeciras, Ceuta y Tánger, transportando pasajeros, correo y mercancías. Permaneció en servicio durante décadas y, a partir de 1953, fue destinado a rutas de Canarias antes de retirarse definitivamente.

El "Ciudad de Ceuta" de finales del siglo XX

Muchos ceutíes recuerdan especialmente al Ciudad de Ceuta que navegó desde finales de los años 80 y durante los 90. Era un ferry de pasajeros y vehículos de Trasmediterránea que realizaba varias rotaciones diarias entre Ceuta y Algeciras.

Este barco se hizo tristemente famoso por un accidente ocurrido el 16 de julio de 2000, cuando, con una intensa niebla cerca de Algeciras, colisionó con el ferry Ciudad de Tánger. El accidente causó la muerte de cinco personas y marcó profundamente la historia de la navegación en el Estrecho.

Un símbolo del Estrecho

Durante muchos años, los barcos llamados Ciudad de Ceuta fueron un símbolo de la comunicación entre la península y la ciudad autónoma. Miles de militares, estudiantes, trabajadores y familias cruzaron el Estrecho a bordo de estos ferris, que formaban parte de la vida cotidiana de Ceuta antes de la llegada de los fast ferries modernos. 


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Carta de un Naufrago desde Ceuta.


En Ceuta, el 4 de junio de 1692. En la Casa del Gobernador.


Amor mío:
Como puedes ver estoy vivo. No puedo imaginar tu sufrimiento durante tantos y tantos días al no conocer mi destino. Te pido disculpas con toda la fuerza de mi corazón, pero sólo quiero que sepas que tu pesar no habrá estado demasiado lejos del mío propio por no haber podido escribirte antes y paliar así tu pena.


No sé qué información exacta tendrás allá en nuestra queridísima Colliure sobre el paradero de los navíos perdidos en el Estrecho de Gibraltar, pero como he sido testigo directo de tales acontecimientos, permite que sea yo el que te informe de lo que ocurrió en la horrible noche del 18 de abril cuando me encontraba a bordo del Assuré.


Como bien sabes, pues me honraste con tu bendita presencia en nuestra despedida en el puerto de Toulon (cuando cierro los ojos aún puedo verte agitando el pañuelo entre la multitud, una rosa en el centro de un interminable prado de hojas secas), nuestra flota, formada por 16 navíos al mando del duque d’Estrées (¡que el Señor no lo haya llamado aún a su lado!), ponía proa a Brest.


Nuestro glorioso cometido no era el otro que el apoyar el desembarco de treinta mil franceses en Torbay y así comenzar con la conquista de la isla del pérfido inglés, por lo que con todo el trapo en la jarcia y nuestros mejores deseos, comenzamos a soñar con que nos convertiríamos en la punta de lanza de Su Majestad, Luis XIV, a que el Todopoderoso bendiga durante muchos años.


Después de días de travesía, en perfecta formación, con multitud de fiestas a bordo y brindando una y otra vez en nuestras cabinas y camaretas por la victoria, el 14 de abril, con la costa española a estribor, el Ardent avistó velas en el horizonte, y los gritos de entusiasmo se sucedieron a lo largo de toda nuestra línea al reconocer el pabellón inglés.


El conde, desde su insignia, el Sceptre, ordenó caza general, y nuestros navíos más veloces, el Precieux y el Fortune, dieron alcance a las dos embarcaciones enemigas apenas finalizada la noche, dando tiempo al resto de la escuadra a batirlos muy dignamente.


Una de las presas quedó tan dañada que nos vimos obligados a quemarla, pero nuestro líder, d’Estrées, envió un mensaje a todos los navíos con la frase “ya habéis probado la sangre inglesa. Paladeadla y sabed que nos espera más en las aguas del Canal”. Nuestros gritos de júbilo fueron la respuesta.


Pero conforme llegábamos a las aguas del Estrecho de Gibraltar, el fuerte viento del oeste y una bajada considerable de la presión en el barómetro, hizo que el conde mandara a los capitanes a bordo del buque insignia para tomar una decisión sobre el peligro que podía suponer el pasar al Atlántico en tales condiciones.


Nuestro capitán, Chaurenaute, a la vuelta al Assuré, nos informó que finalmente la decisión había sido la de seguir adelante, a pesar de que los capitanes Misand, del Invencible, y Pallieres, del Bon, marinos de reconocido prestigio, se habían opuesto con educación pero firmeza, avisando de la peligrosa acción del viento en esta aguas.


La lluvia y un imponente oleaje nos recibió en la mañana del 18, y los navíos más adelantados se perdían tras montañas azules rotas por la espuma, lo que provocaba miradas poco reconfortantes entre los más veteranos a bordo.


Además, el viento, que llegaba del noroeste, nos empujaba hacia la costa africana, y por mucho que lo intentábamos no podíamos evitar que la amenazadora tierra, por sotavento, fuera cada vez más visible. Para colmo llegó la noche, y con ella, una poderosa granizada que dificultaba aún más nuestras maniobras.Nuestra preocupación se multiplicaba, ya que, además de evitar que nuestra nave encallara, teníamos que estar pendientes de no chocar con alguno de nuestros propios navíos.


De hecho, pasada las nueve de la noche, y cuando me encontraba con mi guardia del trinquete recogiendo vela para que el palo no se rompiera por la fuerza del viento, surgió entre la oscuridad y las olas que inundaban buena parte del castillo la figura del espejo de popa del Superbe.
Aún no sé cómo pudieron oírnos desde el alcázar, ya que el silbar del viento con la jarcia nos convertía en sordos por una noche, pero aún así el segundo teniente De Vincelles, que en ese momento gobernaba el timón con la ayuda de dos fuertes marineros, reaccionó para que nuestro buque evitara la colisión.


Pero fue peor el remedio que la enfermedad, ya que perdimos la posición y nuestro bauprés señalaba hacia tierra firme mientras oíamos a popa el estampido de los cañones de nuestros buques para señalar su posición.


Pudimos distinguir las murallas de una ciudad, y bien definidas la figura de los cañones que la protegían. Pero en vez de recibir sus balas sobre nosotros, parecía que los habitantes hacían todo lo posible para evitar que nos estrelláramos, con numerosas luminarias para guiarnos en la medida de lo posible e impedir el desastre.


Pero era imposible. No había nada que hacer, el viento seguía acercándonos a nuestro macabro destino, y pude ver a nuestro capitán, paralizado mientras se agarraba a un obenque, con la mirada perdida hacia la muerte que nos aguardaba.


Un horrible crujir de madera, como si cientos de troncos de un bosque entero se partieran a la vez, se oyó sólo unos segundos antes de que todos a bordo rodáramos por cubierta al detenerse en seco el Assuré. Habíamos encallado.


Nuestro navío se escoró peligrosamente, y reaccioné justo a tiempo para evitar que un cañón de hierro de 18 libras, que se había soltado de su atadura en la cureña, terminara enviándome a las profundidades del mar.


Una vez logré ponerme a gatas, pues era casi imposible mantenerse en pie, estudié la situación y era dramática, ya que la fuerza del choque había hecho caer sobre nosotros el palo mayor y el trinquete (el mesana, milagrosamente, continuaba en su sitio), y nuestro navío estaba a merced de las olas, a la deriva tras liberarse de las rocas que habían destrozado a buen seguro la quilla.
Como pude bajé a la entrecubierta, y allí el espectáculo era sencillamente horrible.


Los cañones de bronce de 24 libras estaban sueltos y rodaban con estruendosos quejidos, como demonios, destrozando todo lo que encontraban en su camino. Prefiero no darte detalles sobre lo que pude ver ahí abajo, mi amor, pero nadie había quedado con vida después de que toneladas de metal hubieran arrasado madera y carne sin distinción.


Di gracias a Dios porque buena parte de los marineros se encontraran en ese momento en cubierta para tratar de gobernar el buque, pero aún así el destrozo había sido considerable, y alguno de esos monstruos de bronce había destrozado una porta por la que entraba cantidades enormes de agua, lo que terminaba de sentenciar al Assuré.


Había que pensar en la evacuación. Al menos tres cuartas partes de los hombres no sabían nadar. Pero cuando volví de nuevo al exterior, con el granizo azotándome la cara y tratando de mantener la estabilidad comprobé, con horror, que la proa estaba prácticamente hundida, y que muchos de nuestros marineros, a la desesperada, se lanzaban al agua como si Dios fuera a salvarles milagrosamente de una muerte segura.


Con la vista traté de buscar a otro oficial, pero sólo pude ver a De Guidy, alférez de navío, improvisando un ventaje para un soldado al que le sangraba la cabeza.
Sin apartar las manos de la cabeza de aquel desdichado, De Guidy, que evitaba mirarme a los ojos, me dijo que tanto el capitán como casi todos los oficiales habían embarcado en un bote y puesto rumbo a alta mar en busca de un navío de nuestra escuadra, dejándonos por tanto al resto definitivamente condenados.


Tan absorto me quedé que no fui consciente de que el Assuré escoraba a estribor tan rápido que antes de que nos diéramos cuenta los pocos que quedábamos en cubierta nos sumergimos en las frías aguas para compartir destino con nuestros compañeros ya ahogados.


Amor, me sentí morir. Mis ropajes y pesadas botas me impedían nadar con comodidad, y me encontré rodeado por la muerte, una muerte fría, negra, infinita, que me acogía en mi desesperado intento por alcanzar la superficie.


Querrás saber mi vida que cuando ya me faltaba el aire, cuando ya sabía que jamás volvería a ver la luz, no pensé en que ya no volvería abrazar a nuestro hijo, a pisar la hierba, a cabalgar a lomos de mi yegua Circe o a sentir el dulce viento salado sobre una embarcación a muchos nudos de velocidad. No. Con las pocas fuerzas que me quedaban me esforcé, ¡me obligué!, a pensar a ti, para que cuando la eternidad me atrapara me encontrase pensando en ti, mi amor, feliz por haberte amado hasta el último momento.


Pero a veces la fortuna es la mejor aliada de la desesperación, y cuando ya perdía el sentido noté cómo una mano me agarraba por el pelo y me alejaba de las profundidades antes de sumirme en un profundo sueño.


Para cuando desperté, y después de llegar a la conclusión tras reflexionar profundamente de que no estaba muerto y que aquel sacerdote que me observaba no era San Pedro y el caballero rubio que se encontraba a su lado no era un ángel, oí a éste relatarme que me habían salvado del naufragio de mi navío, que su nombre era Abel Mesi, de profesión traductor, y que me encontraba en la ciudad española de Ceuta.


Una vez recuperado, te alegrará saber que pese a que Francia y España se encuentran en guerra, el Gobernador de la Ciudad, el señor don Francisco Bernardo, un veterano de los tercios y que pese a estar lisiado de un brazo (un mosquetazo) ofrece un aspecto imponente, nos ha recibido en su casa a mí y a los oficiales supervivientes del Sague, que también encalló, pero con más suerte que nosotros, puesto que no se fue al fondo del mar y se rescató a oficiales, marineros y buena parte de la artillería.


El Assuré no tuvo tanta fortuna, y se calculan que al menos unos trescientos hombres han podido perecer ahogados en el desastre (unos cincuenta nos hemos salvado gracias al socorro llegado desde la propia ciudad). Una desgracia que espero que acompañe al cobarde del capitán Charenaute el resto de sus días.


Por mi parte, y mientras espero que se aceleren los trámites que nos devuelvan a Francia, aprovecho, con un permiso del Gobernador, para pasear por la ciudad mientras aguardo el día que pueda volver a tus brazos.


Mato el paso del tiempo con mi misa diaria en la ermita de Santa María de África, y todos los días visito en la Casa de la Misericordia al que se ha convertido en mi amigo De Guidy (la desgracia crea los lazos más poderosos), que logró sobrevivir a costa de una pierna que aplastó uno de los cañones de bronce de nuestro barco.


Cuando puedo, camino más allá de la puerta que conduce hacia el barrio que aquí llaman Almina, y ando entre sus viñas y huertos para observar la que he podido saber es la tumba de tantos y tantos compañeros: los Isleos de Santa Catalina.


Y aquí querida mía, en tierra enemiga, tan lejos de ti y de tus labios, quiero decirte que mi corazón, tras sobrevivir a la muerte, jamás se ha sentido más cerca de ti.
Y no hay tiempo para más, querida mía. Con amor se despide, siempre tuyo:
Guillaume Roland Deugeudon, teniente de navío del Assuré. Naufragado en Ceuta.

Por:Revista divulgativa de historia naval en internet
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PLAZA DE TOROS DE CETRA 1934


 El domingo 5 de agosto de 1934 fue uno de los días más importantes de la historia cultural y festiva de Ceuta. Coincidía con el día grande de las fiestas patronales de la Virgen de África, y la jornada reunió varios acontecimientos destacados.

El hecho histórico más relevante fue el estreno del Himno de Ceuta en el Teatro Cervantes, a las 11:30 de la mañana. La interpretación estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica de Ceuta, la Banda del Tercio y la Masa Coral del Conservatorio, dirigidas por el compositor Ángel García Ruiz, autor de la música junto con Matilde Tavera. La letra era obra del poeta Luis García Rodríguez. El acto fue retransmitido en directo por Radio Ceuta EAJ-46, una de las primeras emisoras de la ciudad. 

Por la tarde se celebró la tradicional corrida de toros de la Feria de Ceuta. El cartel estaba formado por:

Cayetano Ordóñez "Niño de la Palma" 

Vicente Barrera 

Enrique Torres 

Fue uno de los grandes atractivos de las fiestas y reunió a un numeroso público llegado tanto de Ceuta como del Protectorado español en Marruecos. El festejo fue ampliamente anunciado en la prensa de la época. 

La ciudad vivía los actos en honor de Santa María de África, patrona de Ceuta. Durante esos días se desarrollaban verbenas, conciertos, recepciones oficiales y otros actos religiosos y populares que convertían el 5 de agosto en la jornada central de la feria. 

El 5 de agosto de 1934 es recordado especialmente porque confluyeron:

el estreno público del Himno de Ceuta; 

una corrida de toros de gran categoría, con el Niño de la Palma, Vicente Barrera y Enrique Torres; 

y la celebración del día de la patrona, la Virgen de África.

CEUTAYSUS7MONTES
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CERVEZA AFRICA STAR....CEUTA


 

  • El mercado exterior se redujo de forma drástica al encontrarse con una competencia de origen francés fuertemente asentada en el país vecino.
  • A pesar de que su maquinaria y tecnología permitían una producción potencial muy alta (unos 200.000 hectolitros anuales), la realidad del mercado local hizo que se estabilizara en torno a una cuarta parte de su capacidad (unos 50.000 hectolitros al año).

Su producto estrella fue la cerveza África Star, elaborada en variedades como Pilsen, Extra Fine, Olsen o Leda. Siguiendo la tradición del grupo, también se embotelló allí temporalmente la clásica Estrella Dorada. Durante más de tres décadas, fue considerada el buque insignia de la industria local y un producto con un sabor muy querido y recordado por los ceutíes.

  • El fin de una era: Tras 35 años de actividad ininterrumpida, la fábrica cerró sus puertas definitivamente en octubre de 1992, poniendo fin a la industria cervecera a gran escala en la ciudad.

ceuta star

  • La sociedad se disolvió formalmente a mediados de los 90 y el edificio fue volado y derruido el 13 de mayo de 1994. Incluso su icónica chimenea acabó siendo demolida.

Coleccionismo Serigrafiadas.

  • Sobre el solar que ocupaba la antigua fábrica se construyó posteriormente un área industrial que, a modo de homenaje histórico, fue bautizada como el Polígono Industrial "La Chimenea". Además, las botellas y chapas serigrafiadas de La Estrella de África siguen siendo hoy en día piezas de coleccionismo muy valoradas.
  • ceutaysus7montes

 

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¿CEUTÍ O CABALLA?

 HISTORIAS DEL AYER...POR  José Mª  Fortes Castillo

Me contaba mi abuelo José, que cuando el inicio de sus venidas a Ceuta para pescar allá por el año 1904, en Ceuta, los africanos, que así llamaban los pescadores venidos de la Península a los nativos, utilizaban el sistema de pesca denominado “la espera”. Este sistema consistía en estar sentado en una atalaya o montículo de manera que pudiera otear la mar y detectar “las manchas” o los pájaros-las aves marinas que acuden a devorar los peces-. A estas acumulaciones de peces la denominaban «arda*», que podían ser de boquerones, jureles, sardinas o caballas generalmente.
    La población marinera se concentraba en la zona comprendida entre Puente Almina-hoy Plaza de la Constitución- y Puente del Cristo.
    Desde Puente Almina hasta levante, la orilla era escabrosa y poco apta para el varado de busetas-tipo de bote muy utilizado por entonces-. Desde Puente del Cristo a poniente, está limitado por el Foso y el puente levadizo, que a la caída de la tarde se elevaba aislando a Ceuta del resto del continente.
    En la Bahía Norte, el mayor número de embarcaciones estaban varadas en los bajos del Puente Almina, en la playita del Foso-donde estuvo últimamente el CAS, con anterioridad playa del Ceutí, y más antiguo aún, allí estuvo ubicado un tintero de artes de pesca  y la vivienda de Sebastián López-. En la Bahía Sur, era la Ribera el lugar de varado, a la espera de que los oteadores descubrieran los peces para a toda prisa botar la embarcación e ir a su captura.  
    La zona comprendida de Puente Almina, Rebellín, Marina y Paseo de Colón, era el lugar de residencia del resto de  los habitantes de la ciudad, como funcionarios militares, comerciantes y gentes de oficios de la época. Éstos, cuando pasaban por la calle de la Muralla-Paseo de las Palmeras,- o por la Brecha-calle Independencia-, y veían a cualquier oteador solían preguntar: ¿esperando las caballas? En esos tiempos la abundancia de estos especímenes era notable. Luego en referencia a ellos, solían decir:  «¡ Los de las caballas!..».y poco a poco fue derivando en: ¡los caballas!...
    En cierta ocasión, comentándolo con don José García Cosío, este me confirmó la teoría; y así  efectivamente, a la población marinera ubicada entre Puente y Puente, el resto de ceutíes los llamaban caballas; apodo que con el tiempo se fue generalizando y hoy, aunque nos lo llamen a todos los nacidos en esta tierra, es un título selecto que no todos poseen.
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RECREACION DE LO QUE PUDO SER CEUTA EN TIEMPOS ROMANOS (IA)


 

Viajar en el tiempo a la Ceuta romana —conocida entonces como Septem Fratres (Siete Hermanos, en alusión a las siete colinas de la zona)— es imaginar un enclave estratégico vibrante, mitad base militar y mitad próspero centro industrial.

Durante el Imperio romano, especialmente a partir del siglo I d.C. tras la anexión de la provincia de Mauretania Tingitana, Ceuta no era una gran metrópolis de mármol como Roma, sino un puerto vital que conectaba el Atlántico y el Mediterráneo.

Así era la vida y el paisaje de la Ceuta romana:

1. El Paisaje Urbano y Militar

La ciudad romana se asentaba principalmente en el istmo (la zona de la Almina). No te imaginarías grandes anfiteatros, sino una fisonomía muy funcional:

  • El Núcleo Urbano: Estaba protegido y organizado. Contaba con los elementos típicos de una urbe romana: calles ordenadas, viviendas (domus), una zona de foro o mercado y, por supuesto, termas públicas (cuyos restos, de hecho, se pueden visitar hoy en día en la calle Francisco Lería y Ortiz).
  • Base Naval y Militar: Su posición en el Estrecho de Gibraltar la convertía en un punto estratégico clave para controlar la piratería y asegurar el paso de las flotas imperiales. Había un fuerte destacamento militar y un puerto activo.

2. El Motor Económico: El Garum y la Salazón

Si algo definía a Septem Fratres era el olor a mar y a industria. Ceuta era una de las grandes factorías de salazón de pescado del imperio.

  • Las Factorías: La costa estaba repleta de piletas de piedra donde se maceraba el pescado. El complejo de salazón de la plaza de la Constitución es un reflejo perfecto de esta época.
  • El "Oro Líquido" de Roma: Allí se producía el famoso garum, una salsa de vísceras de pescado fermentadas que volvía locos a los romanos y que se exportaba en anfóreas a todos los rincones del Imperio, desde las mesas de los senadores en Roma hasta los campamentos en Germania.

3. Sociedad y Vida Cotidiana

La población de Ceuta era un auténtico crisol de culturas:

  • Una Población Mixta: En sus calles se cruzaban militares y marineros romanos, comerciantes fenicios y sirios, y la población local mauritana (bereber).
  • Religión: Se rendía culto a los dioses del panteón romano (Júpiter, Juno, Minerva), pero también a deidades norteafricanas y, más tarde, con la llegada del Bajo Imperio (siglos III y IV d.C.), el cristianismo empezó a ganar muchísima fuerza, convirtiendo a la ciudad en una de las sedes episcopales tempranas de la región.

4. El Origen del Nombre

Como curiosidad, el nombre actual "Ceuta" evoluciona directamente del latín. Los romanos llamaban a los accidentes geográficos de la península de Almina los Septem Fratres. Con el tiempo, la fonética evolucionó: Septem $\rightarrow$ Septa $\rightarrow$ Sebta (en árabe) $\rightarrow$ Ceuta.

En resumen: La Ceuta romana era un lugar bullicioso, con aroma a salitre y garum, donde el latín se mezclaba con dialectos norteafricanos, y donde los soldados vigilaban el Estrecho mientras los barcos cargaban ánforas destinadas a alimentar al mismísimo corazón de Roma.

¿Te interesa saber más sobre algún aspecto concreto, como los restos arqueológicos que aún se conservan en la ciudad o cómo se fabricaba el garum?

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MAPA DE CEUTA..PARIS, 1764


MAPA DE CEUTA Y SU BAHÍA ,ORIGINAL, PARIS, 1764, BELLIN, ESPLÉNDIDO COLOREADO
http://www.todocoleccion.net/

El mapa pertenece a la obra titulada “Le Petit Atlas Maritime...” realizada en París por Jacques Nicolas Bellin en 1764, mapa grabado por J. Arrivet.
 Jacques Nicolas Bellin (1703-1772) estuvo durante más de cincuenta años al servicio de la marina francesa, donde fue nombrado Primer Ingeniero Hidrográfico de la marina francesa, también fue nombrado Cartógrafo del Rey, sin lugar a dudas el mejor cartógrafo de la Francia del XVIII.
Interesante mapa con un bonito coloreado incluye una bonita cartela que encierra el título y un escala de distancias, el mapa recoge la una rosa de los vientos y recoge la profundidad de las aguas en la rada.




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BAÑOS ARABES EN CEUTA


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Los Baños Árabes de Ceuta, conocidos también como el hammam de la Plaza de la Paz, constituyen uno de los tesoros arqueológicos e históricos más importantes de la ciudad.

  • Su construcción original comenzó entre los siglos XII y XIII sobre los restos de viviendas anteriores del siglo XI. En esta primera fase, de época almohade, se edificó el núcleo principal.
  • Debido al aumento de población en Ceuta (en gran parte por el éxodo de habitantes procedentes de la península ibérica), el edificio se quedó pequeño. Durante el período meriní se realizó una notable ampliación hacia el oeste, modificando y agrandando la sala fría.
  •  Con la conquista portuguesa de la ciudad en 1415, el edificio perdió su función original. Sus ricos materiales, como los suelos, columnas y capiteles de mármol, fueron expoliados para ser reutilizados en otras construcciones.
  •  A partir de finales del siglo XVII, coincidiendo con el largo asedio de la ciudad por el sultán Mulay Ismail, las salas abovedadas se aprovecharon de forma muy mundana, sirviendo como almacenes y establos. Con el tiempo, en el siglo XIX, se llegaron a edificar viviendas encima, ocultándolos por completo.
  •  A mediados de la década de 1960, al demolerse esas viviendas decimonónicas, el investigador Carlos Posac descubrió las estructuras ocultas de los baños. Tras varias campañas arqueológicas (especialmente las de 2000 y 2004), el espacio fue restaurado exhaustivamente e inaugurado para su visita pública en 2006. En 2007 fueron declarados formalmente Bien de Interés Cultural (BIC).

Conceptualmente, estos baños son herederos de las antiguas termas romanas. Su uso no solo respondía a necesidades higiénico-sanitarias, sino que cumplía una función primordial de purificación religiosa (abluciones islámicas) y de reunión social.

El circuito arquitectónico se dividía en cinco zonas consecutivas:

  1.  Era la zona de recepción. Contaba con un pórtico con columnas y las letrinas se disponían en su lado sur. Bajo este patio se excavó un enorme aljibe con capacidad para almacenar unos 100 metros cúbicos de agua que se nutría de manantiales cercanos.
  2. El espacio de aclimatación. Originalmente era una sala rectangular con bóveda de cañón y luceras cuadrangulares para dejar pasar la luz. En la ampliación del siglo XIV se le añadió un ala con luceras en forma de estrella, bóvedas de aristas y suelos de mármol. Albergaba una pequeña fuente alimentada por el aljibe.
  3.  Era la habitación central y de tránsito, donde los usuarios pasaban la mayor parte del tiempo charlando o recibiendo masajes. El techo cuenta con una bóveda de cañón con tragaluces.
  4.  La estancia más compleja a nivel de ingeniería. El suelo no tocaba directamente la tierra, sino que estaba suspendido sobre pilares de ladrillo de 1,60 metros de altura (un sistema conocido como hipocausto). Por debajo circulaba el aire caliente proveniente del horno. Además, el calor subía por tubos cerámicos integrados vertical y horizontalmente en las paredes. Al arrojar agua sobre el suelo ardiente, se generaba el vapor denso característico.
  5.  Situada en el exterior, compuesta por el horno, la caldera y una leñera para el almacenamiento del combustible.

 

  • : Se localizan en pleno centro, en la Plaza de la Paz, junto al Paseo de la Marina Española.
  • Acceso: Su entrada es gratuita. Aunque los horarios pueden variar según la temporada o requerir reserva previa (gestión que se puede consultar directamente en la Oficina de Turismo de Ceuta), suelen abrir de tarde de lunes a viernes, ofreciendo una experiencia muy didáctica gracias a los paneles informativos y a los restos arqueológicos expuestos en su interior.
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Defensa de Ceuta,1720

Pintor:Ferrer Dalmau http://www.arteclasic.com/

El Regimiento de Caballería del Príncipe carga contra las tropas inglesas y moras que sitiaban la plaza de Ceuta, logrando romper el asedio y arrasando las obras exteriores del ejército sitiador.

Ese texto exacto describe uno de los episodios más épicos y audaces ocurridos durante el Sitio de Ceuta (1694-1727), conocido formalmente como el asedio más largo de la historia documentada (¡duró 33 años!). La frase concreta que mencionas se ha popularizado en los últimos años por ser la descripción histórica de un famoso cuadro del pintor de batallas Augusto Ferrer-Dalmau, titulado precisamente «Carga en Ceuta».

Aquí tienes la historia real, el contexto geopolítico y los detalles de lo que ocurrió en aquel lejano 1720:

Para 1720, Ceuta llevaba ya 26 años cercada por las tropas del sultán de Marruecos, Mulay Ismaíl. Los defensores españoles sobrevivían gracias a los suministros que llegaban por mar desde la península.

El asedio no era un simple bloqueo: el ejército sitiador (que sumaba decenas de miles de hombres) había construido un complejísimo sistema de obras exteriores, trincheras, túneles de minado y baterías de artillería en el istmo, asfixiando las murallas de la ciudad.

Aunque el ejército en el terreno era marroquí, Inglaterra jugaba un papel crucial de apoyo. Tras capturar Gibraltar en 1704, los británicos querían controlar ambas orillas del Estrecho. Para lograr que España perdiera Ceuta, ingenieros y oficiales británicos asesoraban a los sitiadores, les vendían piezas de artillería avanzadas y les suministraban pólvora y pertrechos. Al entrar en las tiendas enemigas tras la batalla, se encontraron documentos que demostraban esta colaboración.

 

En septiembre de 1720, harto del eterno asedio, el rey Felipe V decidió dar un golpe definitivo. Envió a Ceuta una gigantesca expedición de socorro de 16.000 hombres comandada por un militar brillante: Juan Francisco de Bette, el Marqués de Lede.

Tras desembarcar y reorganizar la plaza, el 15 de noviembre de 1720 el Marqués de Lede ordenó una salida masiva y por sorpresa de la guarnición española. Es aquí donde el Regimiento de Caballería del Príncipe se convirtió en el protagonista absoluto.

La caballería española salió en tromba a través de las puertas de la plaza fuerte. El terreno del istmo de Ceuta era difícil, escarpado y lleno de zanjas, pero el Regimiento del Príncipe ejecutó una carga brutal y directa contra las líneas de vanguardia anglo-marroquíes.

  • La carga desbarató por completo la defensa del ejército sitiador. Los jinetes españoles, apoyados por la infantería, pasaron a cuchillo las primeras líneas, provocando el pánico.
  •  El ejército español arrasó, quemó y cegó todas las trincheras, minas, fortines y obras de asedio que los marroquíes habían tardado años en construir frente a las Murallas Reales.
  • La acción duró unas cuatro horas. El ejército sitiador huyó en desbandada hacia el interior (unos hacia Tetuán y otros hacia Tánger), abandonando sus campamentos, armas, estandartes y tiendas, que fueron capturados como botín.

Aquella heroica carga del Regimiento del Príncipe y la contraofensiva del Marqués de Lede rompieron temporalmente el asedio y dieron un respiro monumental a Ceuta, alejando el peligro de las murallas.

Sin embargo, la alegría no duró para siempre. Meses después, el Marqués de Lede fue reclamado en la península para otras campañas y se llevó gran parte de las tropas. Los marroquíes, al ver que la ciudad se quedaba de nuevo con la guarnición justa, regresaron y reconstruyeron el cerco. El sitio se reactivó y no terminó definitivamente hasta 1727, cuando la muerte del sultán Mulay Ismaíl desató una guerra civil entre sus hijos por el trono y las tropas norteafricanas se retiraron para siempre.

Aut:CarlosCordero

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ANTONIO LOPEZ SANCHEZ PRADOS CEUTA

Antonio López Sánchez-Prado (1888–1936) es una de las figuras históricas más queridas, respetadas y recordadas en Ceuta. Su legado trasciende por completo las ideologías políticas, siendo recordado popularmente con un profundo afecto


 Nacido en Herrera (Sevilla), llegó a Ceuta en la década de 1920. Ejercía como médico ginecólogo y tocólogo en el Hospital de la Cruz Roja y en la beneficencia municipal.

Más allá de su brillantez profesional, lo que lo convirtió en un mito popular fue su inmensa calidad humana y labor social. Se ganó el apodo del "médico de los pobres" porque jamás cobraba a los pacientes que no tenían recursos. Es más, los testimonios de la época relatan que, en muchas ocasiones, tras atender a familias humildes, dejaba discretamente dinero en las mesitas de noche para que pudieran comprar las medicinas o alimentos que necesitaban.

Con la llegada de la Segunda República, su enorme popularidad lo impulsó a la primera línea política de la ciudad:Alcalde de Ceuta: Se convirtió en el primer alcalde republicano de la ciudad en abril de 1931. Tras un breve paréntesis por motivos personales, volvió a asumir la alcaldía en febrero de 1936 tras la victoria del Frente Popular.Diputado en Cortes: También representó a Ceuta como diputado en el Congreso de los Diputados durante las elecciones constituyentes de 1931.

Cuando se produjo el golpe de Estado militar el 17 y 18 de julio de 1936, Ceuta fue una de las primeras ciudades donde triunfó la sublevación. A pesar de que tuvo oportunidades reales y ofertas para huir y salvar su vida, Sánchez-Prado se negó rotundamente a abandonar la ciudad. Consideraba que su deber ético era permanecer junto a los ciudadanos que lo habían elegido.

Reunió a los pocos concejales que pudo en el Ayuntamiento y cerró la última sesión plenaria con un firme alegato en defensa de los valores democráticos y de la República. Horas después fue detenido por las fuerzas sublevadas. Fue sometido a un consejo de guerra sumarísimo y fusilado el 5 de septiembre de 1936 en la playa del Tarajal.

A pesar de que el régimen franquista intentó borrar su huella (incluso incautando los escasos bienes de su familia), el recuerdo de su bondad permaneció vivo en la memoria oral de los ceutíes durante décadas.

Hoy en día, su figura está completamente rehabilitada de forma institucional

 Cada 5 de septiembre, las principales autoridades de la Ciudad Autónoma de Ceuta (de distintos signos políticos) le rinden un homenaje institucional. 

En el año 2006 (coincidiendo con el 70 aniversario de su muerte), se inauguró una estatua de bronce a tamaño real en la avenida principal que lleva su nombre (la conocida Avenida Sánchez-Prado, frente a la Plaza de los Reyes).

 Es muy común ver este monumento adornado con flores frescas que los propios ciudadanos le siguen dejando en señal de respeto y gratitud.

 de CarlosCordero para Ceutaysus7montes
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CEUTA Y MELILLA

Alberto Hispanista


 Ceuta y Melilla no son “colonias”. Son España.

Tan españolas como Madrid, Sevilla o Guadalajara.
Llevan siglos siendo tierra española, mucho antes incluso de la creación del actual Estado marroquí. Historia, derecho, cultura y soberanía internacional lo respaldan.
Ceuta y Melilla no son una ocupación.
Son hogares de españoles.
Con instituciones españolas, ciudadanos españoles, bandera española y soberanía reconocida por el orden internacional.
Mientras algunos intentan reescribir la historia con propaganda, los hechos siguen intactos:
España nunca tendrá que pedir perdón por defender lo que es suyo.
Porque Ceuta y Melilla no se discuten.
Se defienden.
Con orgullo.
Con historia.
Y con la dignidad de una nación que jamás renuncia a su tierra
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Ceuta y el cólera durante la primera Guerra de África

Un artículo del Centro de Historia y Cultura Militar de Ceuta

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Corría el mes de agosto de 1859, en pleno reinado de Isabel II, cuando en el campo de Ceuta se iniciaban las obras del marcaje de la delimitación pactada con Marruecos (Tánger 1844 y Larache 1845) y del futuro cuerpo de guardia de Santa Clara, situado cerca de la orilla del mar y a 150 m. de las puertas de Ceuta (sobre la actual Avenida España, frente al Colegio San Daniel), obra de cuya construcción el Cónsul de España en Tánger había dado cuenta previamente a las Autoridades marroquíes y al Alcaide del Serrallo.

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Campamento del Serrallo en Ceuta (Archivo del autor)

/// Contenidos:



Marruecos atenta contra las murallas de Ceuta

La noche del 11 al 12 (muchos autores hablan de la noche del día 10), cabileños de Anyera destruyen las obras, arrojan las garitas al mar y arrancan algunos hitos de los que marcaban los límites, destrozando el que estaba labrado con el escudo de España.

Tras un ultimátum de 20 días, prolongado otros veinte por la muerte del Sultán y una reunión con potencias europeas, España declara la guerra a Marruecos el 22 de octubre, si bien las hostilidades entre ambas partes no habían cesado y desde el día 23 de agosto los enfrentamientos eran diarios.

Inicios de la Guerra De Marruecos de 1860

En esas fechas la guarnición de Ceuta contaba apenas con el Regimiento Fijo y algunas unidades más de diversas Armas. Fue el batallón “Albuera” el primero en reforzar la plaza. El día 30 llegaron los Batallones “Madrid” y “Barbastro” y a estos le siguieron una cantidad ingente de unidades procedentes de la Península.

El 3 de noviembre, un RD. organizaba un Ejército expedicionario al mando del mismo presidente del Gobierno, el General O´Donell, constituido por tres Cuerpos de Ejército, una División de Reserva y otra de Caballería. En total una fuerza superior a 35.000 hombres en noviembre de 1859 y que se ampliaría hasta los 37.000 en febrero de 1860. Por su parte, la Armada estaba presente con un número significante de buques y cerca de 400 orígenes de fuego.

PEDRO MUR WAD RAS
El húsar Pedro Mur robando el estandarte de la caballería Marroquí

El Coronel Julio Contreras en su obra “Ceuta, XX Siglos de Historia Militar” establece cuatro fases en el desarrollo de la campaña. La primera, como de ocupación y consolidación del campo exterior de Ceuta. La siguiente, la de la marcha hacia Tetuán. La tercera, la define como la de la Batalla de Tetuán y primeras negociaciones de paz. La cuarta y última fase sería la Batalla de Wad Ras y firma del Tratado de Paz.

La situación sanitaria de la Fuerza Expedicionaria

En el marco de la situación sanitaria en la que actualmente nos encontramos, no es el fin de este artículo desarrollar la Guerra en cuanto a sus operaciones militares ni a las consecuencias de su tratado de paz final que desde el Centro de Historia y Cultura Militar será, sin duda, abordado en otras ocasiones, sino la de dar a conocer un aspecto muy particular pero sumamente destacado que concurrió en ella y que causó a nuestras tropas el triple de bajas que las de las armas enemigas: La aparición del cólera en la Fuerza Expedicionaria.

En el s. XIX, prácticamente todo el planeta, se vio sacudido por esta gran pandemia de la humanidad. Su efecto fue devastador, especialmente en Asia y Europa, con una intensidad que no se recordaba desde la Peste Negra.

El cólera en España

La llegada del cólera a España fue impactante y los dos primeros brotes en 1843 y 1854 causaron 300.000 muertos. Pues bien, cuando el país se hallaba recuperándose de las consecuencias de estos brotes epidémicos, el cólera se reproduce en 1859, de manera particular en la zona de Levante y alguna provincia de Andalucía, con efectos igualmente catastróficos. En consecuencia, el Ejército Expedicionario tendría que hacer frente a dos enemigos, a las tropas marroquíes y a otro más mortal e invisible: el cólera.

Tras la declaración de guerra, se hacía necesaria la organización de una estructura sanitaria que apoyase a las tropas. Inicialmente, esta formación sanitaria estaba constituida por dos bloques diferenciados.

sanitarios guerra africa
Material que los sanitarios utilizaban en la campaña de Marruecos (Archivo del MINISDEF)

El personal asignado a los cuarteles generales y estructuras sanitarias de los Cuerpos de Ejercito y Divisiones independientes que sumaban 50 sanitarios entre médicos y farmacéuticos y el destacado con las unidades tipo Regimiento y Batallón, cuyo número ascendía a 73.

Durante la campaña

En resumen, se inició la campaña con 123 jefes y oficiales médicos y farmacéuticos para atender a más de 35.000 soldados. Además del personal destinado en las unidades combatientes, hubo que cubrir las necesidades de personal sanitario en los hospitales de Ceuta, Málaga, Algeciras y otras plazas del sur español a los que se evacuaban enfermos y heridos procedentes de la zona de operaciones, por lo que dichos hospitales tuvieron que ser reforzados con médicos procedentes de otras provincias.

Los primeros casos de cólera aparecieron en el Serrallo poco después del desembarco en Ceuta del Ejercito Expedicionario. Rápidamente empezó a incrementarse el número de contagiados. El 25 de noviembre una gran parte de los efectivos del Primer Cuerpo de Ejército ya se encontraba afectado y así fue expandiéndose al resto de unidades. El cólera se constituyó en la principal causa de mortandad de la Guerra.

El propio General O´Donell, finalizada la campaña, haría las siguientes afirmaciones:

Ya en Ceuta, me encontré con un enemigo que no contaba, confieso que fui poco previsor, me encontré con el cólera, que no había allí, sino que lo habíamos llevado de la Península.

No eran los marroquíes, que a mí me imponía, sino el desarrollo del cólera, ese azote terrible cuya duración y número de víctimas no podía calcular con la predicción…

El procedimiento para el tratamiento, evacuación y recuperación de bajas siguió el modelo doctrinal de la Sanidad Militar Napoleónica. Después de ser reconocidos y tratados de urgencia por los médicos de primera línea eran evacuados a los hospitales de sangre establecidos en todos los campamentos donde eran atendidos, se realizaban las operaciones que requerían urgencia y se les preparaba, en su caso, para ser evacuados en un plazo de 24 horas hacia los hospitales de Ceuta o del litoral peninsular e incluso a buques de la Armada.

colera sanidad militar
Intruccion sobre las precauciones ó reglas de higiene militar que deberan observarse con objeto de preservar á las tropas así en campaña

En este sentido hay que resaltar que se planteó el dilema de evacuar los enfermos a la península u hospitalizarlos en Ceuta. Se adoptó esta segunda posibilidad. Así todo, fue necesario evacuar convalecientes a la península.

Unos cálculos aproximados, extraídos de contradictorios datos oficiales, cifran en 20.918 los enfermos asistidos sólo en los hospitales de Ceuta entre noviembre y el 25 de marzo, de los cuáles el 52% lo eran por causa del cólera. Según describe el Coronel farmacéutico D. Gómez Rodríguez:

Ceuta era toda la ciudad un hospital; los soldados salieron de los cuarteles y los clérigos de sus iglesias; se habilitaron edificios públicos como el casino o el Rebellín.

Según las necesidades, se clasificaron en tres grupos: para coléricos, para heridos y para convalecientes.

Se dedicaron a coléricos: el de los Reyes, con 707 camas; el de San Francisco, con 80 camas; el de Jesús y María, con 80 camas; y los de San Manuel, El Reloj, Artillería, La Catedral y la Trinidad, que sumaban entre los cinco, 600 camas.

Para heridos se instaló en el casino un hospital con 25 camas, dedicado a oficiales y otro en el Rebellín para tropa con 350 camas. En unos barracones de madera construidos a las afueras de la ciudad se instalaron 100 camas.

La campaña de Marruecos : memorias de un médico militar (1860) - Landa, Nicasio, 1830-1891
La campaña de Marruecos : memorias de un médico militar (1860) – Landa, Nicasio, 1830-1891

Con la dificultad que presenta dar datos exactos sobre el número de muertos acaecidos durante la guerra y, aun mas, clasificarlos por la causa de la muerte, podemos establecer que la cifra total de fallecidos podría alcanzar los 4.050 soldados, de los cuales sólo 1.150 lo serían a causa de acciones de combate y los 3.000 restantes al cólera y otras enfermedades.

Como conclusión final, podemos afirmar que nuestra victoria ante la fuerza enemiga fue aplastante gracias a la mejor preparación del Ejército Español y a la valentía y sacrificio demostrado por sus soldados, pero el resultado fue desigual contra el otro rival, el cólera, a pesar del abnegado esfuerzo de la Sanidad Militar española que tuvo un comportamiento altamente eficaz, sacrificado y, en muchos casos, heroico.