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PULPO A LA MARINERA POR RAFAEL FONTALBA...CEUTA
Ingredientes: 1 kg. Pulpo cocido Una cebolla Un pimiento verde Un pimiento rojo Tres dientes de ajos Tres tomates maduros Una copa vino ma...
Leyenda de la sirena de Punta Almina
ESCRITO POR JOSÉ MARIA FORTES CASTILLO.....EL FARODIGITAL.ES/ En mi niñez, los viejos pescadores de Ceuta, hablaban sobre los múltiples encuentros que muchos años antes, habían tenido con las focas monje, que tan abundantes eran en las piedras existentes en los bajos del faro y más concretamente en el área conocida como “La sirena”,
EL PUENTE FANTASMA DEL ESTRECHO...
SEPTEM FRATRES
SEPTEM FRATRES, -es decir siete hermanos- aplicado según testimonios de fuentes latinas, que se levantan en el área occidental de la Península de la Almina. Con idéntica en los escritos griegos, se las denomina colectivamente, Hepta Adelphoi. Pomponio Mela que por haber nacido en la orilla Norte del Estrecho de Gibraltar, tuvo sin duda, ocasión de contemplar en los días de buena visibilidad aquellos siete altozanos, explica que tenía considerable altura y colocados en fila, con perfiles casi simétricos, producían la impresión de ser una obra artificial. Por su número merecieron la calificación de Siete y por su similitud, de Hermanos. ("Panorama Mitológico de Ceuta" por Carlos Posac Mon
José Enrique Rosende Martínez. Ceuta
Esta escultura está situada en el Muelle de España y es un homenaje a José Enrique Rosende Martínez, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos que fue Director del Puerto de Ceuta desde 1904 hasta 1929. En 1928, fue nombrado Presidente de la Junta Municipal cívico-militar, cargo que desempeñó hasta la proclamación de la II República en 1931, momento en que fue designado Alcalde de Ceuta el jefe de los Republicanos, el médico Antonio López Sánchez-Prado. La escultura, un busto en bronce, es obra del escultor Bonifacio López Torvizco y se inauguró en 1963......fuente:ceutaturistica.com
Marcelo Villeval Gaitán .Primer legionario
El primer legionario español. Se llamaba Marcelo Villeval Gaitán y era natural de la ciudad de Ceuta. Villeval, era un tío con unos dídimos muy bien puestos, lo que le llevo a ascender a suboficial en muy poco tiempo y siempre por méritos de guerra. Era el primer todo por muy arriesgado que ello fuera y, claro, acabó cayendo muerto en el desembarco de Alhucemas en 1925.
El último general de la República Española
Antonio Escobar Huerta nacio en Ceuta, 14 de noviembre de 1879 — fallecio Barcelona, 8 de febrero de 1940). Fue un militar español miembro de la Guardia Civil. Figuró en la Guerra Civil como defensor de la II República. El General “olvidado”, o el “muy católico” General son algunos de los sobrenombres con los que, muy raramente, se hace referencia a Antonio Escobar Huerta (“La guerra del general Escobar” de Olaizola, premio Planeta de 1983, y “Entre la cruz y la República” de Arasa, entre las pocas
La tradicional salva volverá a escucharse en Ceuta desde la fortaleza de El Hacho
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La batalla de Aljubarrota, 14 de agosto de 1385
Exploración de Ceuta en Busca de Restos Romanos
Ceuta, una ciudad autónoma española situada en el norte de África, es un lugar lleno de historia y cultura. A lo largo de los siglos, Ceuta ha sido un crisol de civilizaciones, incluyendo la fenicia, la cartaginesa, la romana, la bizantina, y muchas otras. En esta guía, nos centraremos en la exploración de los restos romanos que aún se pueden encontrar en esta fascinante ciudad.
Historia de Ceuta en la Época Romana
Durante la época romana, Ceuta era conocida como "Septem Fratres", un nombre que hacía referencia a las siete colinas de la región. Fue un importante punto estratégico para los romanos debido a su ubicación en la entrada del Mar Mediterráneo, lo que facilitaba el control sobre el tráfico marítimo.
Sitios de Interés Arqueológico
1. Museo de Ceuta
El Museo de Ceuta alberga una impresionante colección de artefactos romanos. Aquí, los visitantes pueden ver monedas, cerámicas, esculturas y otros objetos que ofrecen una visión única de la vida en la Ceuta romana. El museo también ofrece exposiciones temporales que se centran en diversos aspectos de la historia local.
2. Yacimientos Arqueológicos de Benzú
En las afueras de la ciudad, en la zona de Benzú, se encuentran los restos de una antigua villa romana. Este yacimiento ofrece una oportunidad única para explorar los cimientos de antiguos edificios y descubrir cómo vivían los romanos en esta parte del mundo. A menudo se organizan visitas guiadas que ayudan a los visitantes a comprender mejor el contexto histórico de estos restos.
3. Murallas Meriníes
Aunque las murallas meriníes son posteriores a la época romana, su visita es imprescindible. Estas fortificaciones fueron construidas sobre estructuras anteriores, algunas de las cuales eran de origen romano. Las murallas ofrecen una vista panorámica de la ciudad y el mar, y son un testimonio de su importancia estratégica a lo largo del tiempo.
Consejos para los Exploradores
Visitas Guiadas: Participar en visitas guiadas puede enriquecer tu experiencia al proporcionarte información detallada e historias fascinantes sobre los lugares que visitas.
Horario de Visita: Asegúrate de verificar los horarios de apertura de los sitios arqueológicos y el museo, ya que pueden variar según la temporada.
Respeto por el Patrimonio: Al explorar los sitios arqueológicos, es importante respetar las normas y no dañar los restos. Esto ayuda a preservar el patrimonio cultural para las futuras generaciones.
Conclusión
La exploración de Ceuta en busca de restos romanos es una actividad enriquecedora que permite a los visitantes conectarse con el pasado de una manera única. Ya sea que seas un aficionado a la historia o simplemente alguien con curiosidad por la cultura antigua, Ceuta ofrece una experiencia inolvidable.
Enero 2025...Carlos Cordero
FRONTERA DE CEUTA 1960
En 1960, la frontera entre Ceuta y Marruecos era muy diferente de la que conocemos hoy. No existían las altas vallas metálicas, los sistemas electrónicos de vigilancia ni los grandes dispositivos policiales actuales. Era una frontera mucho más sencilla y, en muchos aspectos, más permeable.
Solo cuatro años antes, en 1956, Marruecos había
obtenido su independencia del Protectorado español y francés. A pesar de ello,
la frontera de Ceuta siguió funcionando con relativa normalidad. La
delimitación territorial vigente era la establecida tras la Guerra de África
de 1859-1860, y España mantuvo el control de Ceuta.
En aquella época:
- Existía
un puesto fronterizo español y otro marroquí, pero las instalaciones eran
modestas.
- El
principal paso era el del Tarajal, aunque también había controles
en otros puntos de la frontera.
- No
había doble valla ni alambradas de varios metros de altura.
- Los
controles consistían principalmente en casetas de aduanas, barreras y la presencia
de la Policía Armada, Guardia Civil y funcionarios de Aduanas.
La frontera registraba un intenso tránsito de personas.
Cada día cruzaban:
- Trabajadores
marroquíes que acudían a Ceuta.
- Comerciantes
que abastecían ambos lados de la frontera.
- Militares
españoles destinados en la zona.
- Familias
con vínculos a ambos lados de la frontera.
El paso era más lento que hoy, pero también menos
restringido en muchos aspectos.
En 1960 la frontera tenía una gran importancia estratégica.
Era habitual encontrar:
- Patrullas
de la Guardia Civil.
- Soldados
del Ejército de Tierra.
- Unidades
de La Legión en las proximidades.
- Puestos
de observación en zonas elevadas como el Serrallo y Sierra Bullones.
El ambiente era de vigilancia, aunque sin la infraestructura
de seguridad que apareció décadas después.
EL TRAZADO DEL FERROCARRIL CEUTA-TETUAN
Seguidamente aparecían núcleos de cañaverales y huertas. De no muy lejos llegaba el aroma de Quitzan, la tierra que da las naranjas más dulces del país, mezcla de canela y azúcar. Por un primer paso a nivel se salvaba la carretera del Río Martín, y luego la llamada Puerta de la Reina. Primera parada obligatoria en Malalien, y luego, a la izquierda del aeródromo, comenzaba a verse la brillante línea del mar. La siguiente estación era la de Rincón del Medik, un poblado de mil habitantes, rico en pesca y agricultura, donde el tren se detenía un buen rato. Allí subía y bajaba una gente heterogénea, se acopiaban mercancías y se hacinaban cajas de pescado: chernas, besugos, sardinas, meros y otras capturas, que servían para abastecer los mercados centrales.
Aprovechando las facilidades que ofrece la llanura costera, el ferrocarril seguía su camino entre matorrales y erectas palmeras, siempre bajo el yodado perfume del mar. Se atravesaban zonas pantanosas y eran frecuentes los apeaderos para que los indígenas pudieran hacer uso de los coches. Nueva parada en Dar Riffien, acuartelamiento de la Legión Extranjera.
Después, Castillejos, punta pedregosa de la costa y nombre evocador de las hazañas del general Prim. A poca distancia, la frontera, donde, por cierto, el paso del convoy era libre y sin sujetarse a ninguna formalidad aduanera. Así se llegaba a Ceuta, casi a la altura del puerto. La estación terminal era de factura análoga a la de Tetuán».
Las estaciones del recorrido, con sus correspondientes puntos kilométricos, eran las siguientes:
Muelle: 0,0
Ceuta: 0,5
Miramar: 2,9
Castillejos: 8,0
Dar Riffien: 11,1
Negro: 13,8
Rincón del Medik: 24,9
Malalien: 38,1
Tetuán: 41,0
HISTORIA DEL MAR CEUTA
El nombre "Ciudad de Ceuta" lo llevaron varios barcos de la histórica naviera Trasmediterránea, por lo que no se trata de un único buque. Todos ellos estuvieron muy vinculados a la ruta entre Ceuta y Algeciras, una de las conexiones marítimas más importantes de España.
El primer "Ciudad de Ceuta" (1928)
El primer barco con ese nombre fue botado en 1928. Originalmente se llamaba General Sanjurjo, pero con la llegada de la Segunda República, en 1931, fue rebautizado como Ciudad de Ceuta. Cubría habitualmente las líneas entre Algeciras, Ceuta y Tánger, transportando pasajeros, correo y mercancías. Permaneció en servicio durante décadas y, a partir de 1953, fue destinado a rutas de Canarias antes de retirarse definitivamente.
El "Ciudad de Ceuta" de finales del siglo XX
Muchos ceutíes recuerdan especialmente al Ciudad de Ceuta que navegó desde finales de los años 80 y durante los 90. Era un ferry de pasajeros y vehículos de Trasmediterránea que realizaba varias rotaciones diarias entre Ceuta y Algeciras.
Este barco se hizo tristemente famoso por un accidente ocurrido el 16 de julio de 2000, cuando, con una intensa niebla cerca de Algeciras, colisionó con el ferry Ciudad de Tánger. El accidente causó la muerte de cinco personas y marcó profundamente la historia de la navegación en el Estrecho.
Un símbolo del Estrecho
Durante muchos años, los barcos llamados Ciudad de Ceuta fueron un símbolo de la comunicación entre la península y la ciudad autónoma. Miles de militares, estudiantes, trabajadores y familias cruzaron el Estrecho a bordo de estos ferris, que formaban parte de la vida cotidiana de Ceuta antes de la llegada de los fast ferries modernos.
Carta de un Naufrago desde Ceuta.

Como puedes ver estoy vivo. No puedo imaginar tu sufrimiento durante tantos y tantos días al no conocer mi destino. Te pido disculpas con toda la fuerza de mi corazón, pero sólo quiero que sepas que tu pesar no habrá estado demasiado lejos del mío propio por no haber podido escribirte antes y paliar así tu pena.
No sé qué información exacta tendrás allá en nuestra queridísima Colliure sobre el paradero de los navíos perdidos en el Estrecho de Gibraltar, pero como he sido testigo directo de tales acontecimientos, permite que sea yo el que te informe de lo que ocurrió en la horrible noche del 18 de abril cuando me encontraba a bordo del Assuré.
Como bien sabes, pues me honraste con tu bendita presencia en nuestra despedida en el puerto de Toulon (cuando cierro los ojos aún puedo verte agitando el pañuelo entre la multitud, una rosa en el centro de un interminable prado de hojas secas), nuestra flota, formada por 16 navíos al mando del duque d’Estrées (¡que el Señor no lo haya llamado aún a su lado!), ponía proa a Brest.
Nuestro glorioso cometido no era el otro que el apoyar el desembarco de treinta mil franceses en Torbay y así comenzar con la conquista de la isla del pérfido inglés, por lo que con todo el trapo en la jarcia y nuestros mejores deseos, comenzamos a soñar con que nos convertiríamos en la punta de lanza de Su Majestad, Luis XIV, a que el Todopoderoso bendiga durante muchos años.
Después de días de travesía, en perfecta formación, con multitud de fiestas a bordo y brindando una y otra vez en nuestras cabinas y camaretas por la victoria, el 14 de abril, con la costa española a estribor, el Ardent avistó velas en el horizonte, y los gritos de entusiasmo se sucedieron a lo largo de toda nuestra línea al reconocer el pabellón inglés.
El conde, desde su insignia, el Sceptre, ordenó caza general, y nuestros navíos más veloces, el Precieux y el Fortune, dieron alcance a las dos embarcaciones enemigas apenas finalizada la noche, dando tiempo al resto de la escuadra a batirlos muy dignamente.
Una de las presas quedó tan dañada que nos vimos obligados a quemarla, pero nuestro líder, d’Estrées, envió un mensaje a todos los navíos con la frase “ya habéis probado la sangre inglesa. Paladeadla y sabed que nos espera más en las aguas del Canal”. Nuestros gritos de júbilo fueron la respuesta.
Pero conforme llegábamos a las aguas del Estrecho de Gibraltar, el fuerte viento del oeste y una bajada considerable de la presión en el barómetro, hizo que el conde mandara a los capitanes a bordo del buque insignia para tomar una decisión sobre el peligro que podía suponer el pasar al Atlántico en tales condiciones.
Nuestro capitán, Chaurenaute, a la vuelta al Assuré, nos informó que finalmente la decisión había sido la de seguir adelante, a pesar de que los capitanes Misand, del Invencible, y Pallieres, del Bon, marinos de reconocido prestigio, se habían opuesto con educación pero firmeza, avisando de la peligrosa acción del viento en esta aguas.
La lluvia y un imponente oleaje nos recibió en la mañana del 18, y los navíos más adelantados se perdían tras montañas azules rotas por la espuma, lo que provocaba miradas poco reconfortantes entre los más veteranos a bordo.
Además, el viento, que llegaba del noroeste, nos empujaba hacia la costa africana, y por mucho que lo intentábamos no podíamos evitar que la amenazadora tierra, por sotavento, fuera cada vez más visible. Para colmo llegó la noche, y con ella, una poderosa granizada que dificultaba aún más nuestras maniobras.Nuestra preocupación se multiplicaba, ya que, además de evitar que nuestra nave encallara, teníamos que estar pendientes de no chocar con alguno de nuestros propios navíos.
De hecho, pasada las nueve de la noche, y cuando me encontraba con mi guardia del trinquete recogiendo vela para que el palo no se rompiera por la fuerza del viento, surgió entre la oscuridad y las olas que inundaban buena parte del castillo la figura del espejo de popa del Superbe.
Aún no sé cómo pudieron oírnos desde el alcázar, ya que el silbar del viento con la jarcia nos convertía en sordos por una noche, pero aún así el segundo teniente De Vincelles, que en ese momento gobernaba el timón con la ayuda de dos fuertes marineros, reaccionó para que nuestro buque evitara la colisión.
Pero fue peor el remedio que la enfermedad, ya que perdimos la posición y nuestro bauprés señalaba hacia tierra firme mientras oíamos a popa el estampido de los cañones de nuestros buques para señalar su posición.
Pudimos distinguir las murallas de una ciudad, y bien definidas la figura de los cañones que la protegían. Pero en vez de recibir sus balas sobre nosotros, parecía que los habitantes hacían todo lo posible para evitar que nos estrelláramos, con numerosas luminarias para guiarnos en la medida de lo posible e impedir el desastre.
Pero era imposible. No había nada que hacer, el viento seguía acercándonos a nuestro macabro destino, y pude ver a nuestro capitán, paralizado mientras se agarraba a un obenque, con la mirada perdida hacia la muerte que nos aguardaba.
Un horrible crujir de madera, como si cientos de troncos de un bosque entero se partieran a la vez, se oyó sólo unos segundos antes de que todos a bordo rodáramos por cubierta al detenerse en seco el Assuré. Habíamos encallado.
Nuestro navío se escoró peligrosamente, y reaccioné justo a tiempo para evitar que un cañón de hierro de 18 libras, que se había soltado de su atadura en la cureña, terminara enviándome a las profundidades del mar.
Una vez logré ponerme a gatas, pues era casi imposible mantenerse en pie, estudié la situación y era dramática, ya que la fuerza del choque había hecho caer sobre nosotros el palo mayor y el trinquete (el mesana, milagrosamente, continuaba en su sitio), y nuestro navío estaba a merced de las olas, a la deriva tras liberarse de las rocas que habían destrozado a buen seguro la quilla.
Como pude bajé a la entrecubierta, y allí el espectáculo era sencillamente horrible.
Di gracias a Dios porque buena parte de los marineros se encontraran en ese momento en cubierta para tratar de gobernar el buque, pero aún así el destrozo había sido considerable, y alguno de esos monstruos de bronce había destrozado una porta por la que entraba cantidades enormes de agua, lo que terminaba de sentenciar al Assuré.
Había que pensar en la evacuación. Al menos tres cuartas partes de los hombres no sabían nadar. Pero cuando volví de nuevo al exterior, con el granizo azotándome la cara y tratando de mantener la estabilidad comprobé, con horror, que la proa estaba prácticamente hundida, y que muchos de nuestros marineros, a la desesperada, se lanzaban al agua como si Dios fuera a salvarles milagrosamente de una muerte segura.
Con la vista traté de buscar a otro oficial, pero sólo pude ver a De Guidy, alférez de navío, improvisando un ventaje para un soldado al que le sangraba la cabeza.
Sin apartar las manos de la cabeza de aquel desdichado, De Guidy, que evitaba mirarme a los ojos, me dijo que tanto el capitán como casi todos los oficiales habían embarcado en un bote y puesto rumbo a alta mar en busca de un navío de nuestra escuadra, dejándonos por tanto al resto definitivamente condenados.
Tan absorto me quedé que no fui consciente de que el Assuré escoraba a estribor tan rápido que antes de que nos diéramos cuenta los pocos que quedábamos en cubierta nos sumergimos en las frías aguas para compartir destino con nuestros compañeros ya ahogados.
Amor, me sentí morir. Mis ropajes y pesadas botas me impedían nadar con comodidad, y me encontré rodeado por la muerte, una muerte fría, negra, infinita, que me acogía en mi desesperado intento por alcanzar la superficie.
Querrás saber mi vida que cuando ya me faltaba el aire, cuando ya sabía que jamás volvería a ver la luz, no pensé en que ya no volvería abrazar a nuestro hijo, a pisar la hierba, a cabalgar a lomos de mi yegua Circe o a sentir el dulce viento salado sobre una embarcación a muchos nudos de velocidad. No. Con las pocas fuerzas que me quedaban me esforcé, ¡me obligué!, a pensar a ti, para que cuando la eternidad me atrapara me encontrase pensando en ti, mi amor, feliz por haberte amado hasta el último momento.
Pero a veces la fortuna es la mejor aliada de la desesperación, y cuando ya perdía el sentido noté cómo una mano me agarraba por el pelo y me alejaba de las profundidades antes de sumirme en un profundo sueño.
Para cuando desperté, y después de llegar a la conclusión tras reflexionar profundamente de que no estaba muerto y que aquel sacerdote que me observaba no era San Pedro y el caballero rubio que se encontraba a su lado no era un ángel, oí a éste relatarme que me habían salvado del naufragio de mi navío, que su nombre era Abel Mesi, de profesión traductor, y que me encontraba en la ciudad española de Ceuta.
Una vez recuperado, te alegrará saber que pese a que Francia y España se encuentran en guerra, el Gobernador de la Ciudad, el señor don Francisco Bernardo, un veterano de los tercios y que pese a estar lisiado de un brazo (un mosquetazo) ofrece un aspecto imponente, nos ha recibido en su casa a mí y a los oficiales supervivientes del Sague, que también encalló, pero con más suerte que nosotros, puesto que no se fue al fondo del mar y se rescató a oficiales, marineros y buena parte de la artillería.
El Assuré no tuvo tanta fortuna, y se calculan que al menos unos trescientos hombres han podido perecer ahogados en el desastre (unos cincuenta nos hemos salvado gracias al socorro llegado desde la propia ciudad). Una desgracia que espero que acompañe al cobarde del capitán Charenaute el resto de sus días.
Por mi parte, y mientras espero que se aceleren los trámites que nos devuelvan a Francia, aprovecho, con un permiso del Gobernador, para pasear por la ciudad mientras aguardo el día que pueda volver a tus brazos.
Mato el paso del tiempo con mi misa diaria en la ermita de Santa María de África, y todos los días visito en la Casa de la Misericordia al que se ha convertido en mi amigo De Guidy (la desgracia crea los lazos más poderosos), que logró sobrevivir a costa de una pierna que aplastó uno de los cañones de bronce de nuestro barco.
Cuando puedo, camino más allá de la puerta que conduce hacia el barrio que aquí llaman Almina, y ando entre sus viñas y huertos para observar la que he podido saber es la tumba de tantos y tantos compañeros: los Isleos de Santa Catalina.
Y aquí querida mía, en tierra enemiga, tan lejos de ti y de tus labios, quiero decirte que mi corazón, tras sobrevivir a la muerte, jamás se ha sentido más cerca de ti.
Y no hay tiempo para más, querida mía. Con amor se despide, siempre tuyo:
Guillaume Roland Deugeudon, teniente de navío del Assuré. Naufragado en Ceuta.
Por:Revista divulgativa de historia naval en internet
PLAZA DE TOROS DE CETRA 1934
El domingo 5 de agosto de 1934 fue uno de los días más importantes de la historia cultural y festiva de Ceuta. Coincidía con el día grande de las fiestas patronales de la Virgen de África, y la jornada reunió varios acontecimientos destacados.
El hecho histórico más relevante fue el estreno del Himno de Ceuta en el Teatro Cervantes, a las 11:30 de la mañana. La interpretación estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica de Ceuta, la Banda del Tercio y la Masa Coral del Conservatorio, dirigidas por el compositor Ángel García Ruiz, autor de la música junto con Matilde Tavera. La letra era obra del poeta Luis García Rodríguez. El acto fue retransmitido en directo por Radio Ceuta EAJ-46, una de las primeras emisoras de la ciudad.
Por la tarde se celebró la tradicional corrida de toros de la Feria de Ceuta. El cartel estaba formado por:
• Cayetano Ordóñez "Niño de la Palma"
• Vicente Barrera
• Enrique Torres
Fue uno de los grandes atractivos de las fiestas y reunió a un numeroso público llegado tanto de Ceuta como del Protectorado español en Marruecos. El festejo fue ampliamente anunciado en la prensa de la época.
La ciudad vivía los actos en honor de Santa María de África, patrona de Ceuta. Durante esos días se desarrollaban verbenas, conciertos, recepciones oficiales y otros actos religiosos y populares que convertían el 5 de agosto en la jornada central de la feria.
El 5 de agosto de 1934 es recordado especialmente porque confluyeron:
• el estreno público del Himno de Ceuta;
• una corrida de toros de gran categoría, con el Niño de la Palma, Vicente Barrera y Enrique Torres;
• y la celebración del día de la patrona, la Virgen de África.
CERVEZA AFRICA STAR....CEUTA
- El
mercado exterior se redujo de forma drástica al encontrarse con una
competencia de origen francés fuertemente asentada en el país vecino.
- A
pesar de que su maquinaria y tecnología permitían una producción potencial
muy alta (unos 200.000 hectolitros anuales), la realidad del mercado local
hizo que se estabilizara en torno a una cuarta parte de su capacidad (unos
50.000 hectolitros al año).
Su producto estrella fue la cerveza África Star,
elaborada en variedades como Pilsen, Extra Fine, Olsen o Leda. Siguiendo la
tradición del grupo, también se embotelló allí temporalmente la clásica Estrella
Dorada. Durante más de tres décadas, fue considerada el buque insignia de
la industria local y un producto con un sabor muy querido y recordado por los
ceutíes.
- El
fin de una era: Tras 35 años de actividad ininterrumpida, la fábrica cerró
sus puertas definitivamente en octubre de 1992, poniendo fin a la
industria cervecera a gran escala en la ciudad.
ceuta star
- La
sociedad se disolvió formalmente a mediados de los 90 y el edificio fue volado
y derruido el 13 de mayo de 1994. Incluso su icónica chimenea acabó
siendo demolida.
Coleccionismo Serigrafiadas.
- Sobre
el solar que ocupaba la antigua fábrica se construyó posteriormente un
área industrial que, a modo de homenaje histórico, fue bautizada como el Polígono
Industrial "La Chimenea". Además, las botellas y chapas
serigrafiadas de La Estrella de África siguen siendo hoy en día
piezas de coleccionismo muy valoradas.
- ceutaysus7montes
¿CEUTÍ O CABALLA?
Me contaba mi abuelo José, que cuando el inicio de sus venidas a Ceuta para pescar allá por el año 1904, en Ceuta, los africanos, que así llamaban los pescadores venidos de la Península a los nativos, utilizaban el sistema de pesca denominado “la espera”. Este sistema consistía en estar sentado en una atalaya o montículo de manera que pudiera otear la mar y detectar “las manchas” o los pájaros-las aves marinas que acuden a devorar los peces-. A estas acumulaciones de peces la denominaban «arda*», que podían ser de boquerones, jureles, sardinas o caballas generalmente.
La población marinera se concentraba en la zona comprendida entre Puente Almina-hoy Plaza de la Constitución- y Puente del Cristo.
Desde Puente Almina hasta levante, la orilla era escabrosa y poco apta para el varado de busetas-tipo de bote muy utilizado por entonces-. Desde Puente del Cristo a poniente, está limitado por el Foso y el puente levadizo, que a la caída de la tarde se elevaba aislando a Ceuta del resto del continente.
En la Bahía Norte, el mayor número de embarcaciones estaban varadas en los bajos del Puente Almina, en la playita del Foso-donde estuvo últimamente el CAS, con anterioridad playa del Ceutí, y más antiguo aún, allí estuvo ubicado un tintero de artes de pesca y la vivienda de Sebastián López-. En la Bahía Sur, era la Ribera el lugar de varado, a la espera de que los oteadores descubrieran los peces para a toda prisa botar la embarcación e ir a su captura.
La zona comprendida de Puente Almina, Rebellín, Marina y Paseo de Colón, era el lugar de residencia del resto de los habitantes de la ciudad, como funcionarios militares, comerciantes y gentes de oficios de la época. Éstos, cuando pasaban por la calle de la Muralla-Paseo de las Palmeras,- o por la Brecha-calle Independencia-, y veían a cualquier oteador solían preguntar: ¿esperando las caballas? En esos tiempos la abundancia de estos especímenes era notable. Luego en referencia a ellos, solían decir: «¡ Los de las caballas!..».y poco a poco fue derivando en: ¡los caballas!...
En cierta ocasión, comentándolo con don José García Cosío, este me confirmó la teoría; y así efectivamente, a la población marinera ubicada entre Puente y Puente, el resto de ceutíes los llamaban caballas; apodo que con el tiempo se fue generalizando y hoy, aunque nos lo llamen a todos los nacidos en esta tierra, es un título selecto que no todos poseen.
RECREACION DE LO QUE PUDO SER CEUTA EN TIEMPOS ROMANOS (IA)
Viajar en el tiempo a la Ceuta romana —conocida entonces
como Septem Fratres (Siete Hermanos, en alusión a las siete colinas de
la zona)— es imaginar un enclave estratégico vibrante, mitad base militar y
mitad próspero centro industrial.
Durante el Imperio romano, especialmente a partir del siglo
I d.C. tras la anexión de la provincia de Mauretania Tingitana, Ceuta no
era una gran metrópolis de mármol como Roma, sino un puerto vital que conectaba
el Atlántico y el Mediterráneo.
Así era la vida y el paisaje de la Ceuta romana:
1. El Paisaje Urbano y Militar
La ciudad romana se asentaba principalmente en el istmo (la
zona de la Almina). No te imaginarías grandes anfiteatros, sino una fisonomía
muy funcional:
- El
Núcleo Urbano: Estaba protegido y organizado. Contaba con los
elementos típicos de una urbe romana: calles ordenadas, viviendas (domus),
una zona de foro o mercado y, por supuesto, termas públicas (cuyos
restos, de hecho, se pueden visitar hoy en día en la calle Francisco Lería
y Ortiz).
- Base
Naval y Militar: Su posición en el Estrecho de Gibraltar la convertía
en un punto estratégico clave para controlar la piratería y asegurar el
paso de las flotas imperiales. Había un fuerte destacamento militar y un
puerto activo.
2. El Motor Económico: El Garum y la Salazón
Si algo definía a Septem Fratres era el olor a mar y
a industria. Ceuta era una de las grandes factorías de salazón de pescado
del imperio.
- Las
Factorías: La costa estaba repleta de piletas de piedra donde se
maceraba el pescado. El complejo de salazón de la plaza de la Constitución
es un reflejo perfecto de esta época.
- El
"Oro Líquido" de Roma: Allí se producía el famoso garum,
una salsa de vísceras de pescado fermentadas que volvía locos a los
romanos y que se exportaba en anfóreas a todos los rincones del Imperio,
desde las mesas de los senadores en Roma hasta los campamentos en
Germania.
3. Sociedad y Vida Cotidiana
La población de Ceuta era un auténtico crisol de culturas:
- Una
Población Mixta: En sus calles se cruzaban militares y marineros
romanos, comerciantes fenicios y sirios, y la población local mauritana
(bereber).
- Religión:
Se rendía culto a los dioses del panteón romano (Júpiter, Juno, Minerva),
pero también a deidades norteafricanas y, más tarde, con la llegada del
Bajo Imperio (siglos III y IV d.C.), el cristianismo empezó a ganar
muchísima fuerza, convirtiendo a la ciudad en una de las sedes episcopales
tempranas de la región.
4. El Origen del Nombre
Como curiosidad, el nombre actual "Ceuta"
evoluciona directamente del latín. Los romanos llamaban a los accidentes
geográficos de la península de Almina los Septem Fratres. Con el tiempo,
la fonética evolucionó: Septem $\rightarrow$ Septa $\rightarrow$ Sebta
(en árabe) $\rightarrow$ Ceuta.
En resumen: La Ceuta romana era un lugar bullicioso,
con aroma a salitre y garum, donde el latín se mezclaba con dialectos
norteafricanos, y donde los soldados vigilaban el Estrecho mientras los barcos
cargaban ánforas destinadas a alimentar al mismísimo corazón de Roma.
¿Te interesa saber más sobre algún aspecto concreto, como
los restos arqueológicos que aún se conservan en la ciudad o cómo se fabricaba
el garum?
MAPA DE CEUTA..PARIS, 1764
BAÑOS ARABES EN CEUTA
......
Los Baños Árabes de Ceuta, conocidos también
como el hammam de la Plaza de la Paz, constituyen uno de los
tesoros arqueológicos e históricos más importantes de la ciudad.
- Su
construcción original comenzó entre los siglos XII y XIII sobre los restos
de viviendas anteriores del siglo XI. En esta primera fase, de época
almohade, se edificó el núcleo principal.
- Debido
al aumento de población en Ceuta (en gran parte por el éxodo de habitantes
procedentes de la península ibérica), el edificio se quedó pequeño. Durante
el período meriní se realizó una notable ampliación hacia el oeste,
modificando y agrandando la sala fría.
- Con
la conquista portuguesa de la ciudad en 1415, el edificio perdió su
función original. Sus ricos materiales, como los suelos, columnas y capiteles
de mármol, fueron expoliados para ser reutilizados en otras
construcciones.
- A
partir de finales del siglo XVII, coincidiendo con el largo asedio de la
ciudad por el sultán Mulay Ismail, las salas abovedadas se aprovecharon de
forma muy mundana, sirviendo como almacenes y establos. Con el tiempo, en
el siglo XIX, se llegaron a edificar viviendas encima, ocultándolos por
completo.
- A
mediados de la década de 1960, al demolerse esas viviendas decimonónicas,
el investigador Carlos Posac descubrió las estructuras ocultas de los
baños. Tras varias campañas arqueológicas (especialmente las de 2000 y
2004), el espacio fue restaurado exhaustivamente e inaugurado para su
visita pública en 2006. En 2007 fueron
declarados formalmente Bien de Interés Cultural (BIC).
Conceptualmente, estos baños son herederos de las antiguas
termas romanas. Su uso no solo respondía a necesidades higiénico-sanitarias,
sino que cumplía una función primordial de purificación religiosa (abluciones
islámicas) y de reunión social.
El circuito arquitectónico se dividía en cinco zonas
consecutivas:
- Era
la zona de recepción. Contaba con un pórtico con columnas y las letrinas
se disponían en su lado sur. Bajo este patio se excavó un enorme aljibe con
capacidad para almacenar unos 100 metros cúbicos de agua que se nutría de
manantiales cercanos.
- El
espacio de aclimatación. Originalmente era una sala rectangular con bóveda
de cañón y luceras cuadrangulares para dejar pasar la luz. En la
ampliación del siglo XIV se le añadió un ala con luceras en forma de
estrella, bóvedas de aristas y suelos de mármol. Albergaba una pequeña
fuente alimentada por el aljibe.
- Era
la habitación central y de tránsito, donde los usuarios pasaban la mayor
parte del tiempo charlando o recibiendo masajes. El techo cuenta con una
bóveda de cañón con tragaluces.
- La
estancia más compleja a nivel de ingeniería. El suelo no tocaba
directamente la tierra, sino que estaba suspendido sobre pilares de
ladrillo de 1,60 metros de altura (un sistema conocido como hipocausto).
Por debajo circulaba el aire caliente proveniente del horno. Además, el
calor subía por tubos cerámicos integrados vertical y horizontalmente en
las paredes. Al arrojar agua sobre el suelo ardiente, se generaba el vapor
denso característico.
- Situada
en el exterior, compuesta por el horno, la caldera y una leñera para el
almacenamiento del combustible.
- : Se
localizan en pleno centro, en la Plaza de la Paz, junto al
Paseo de la Marina Española.
- Acceso: Su
entrada es gratuita. Aunque los horarios pueden variar según la temporada
o requerir reserva previa (gestión que se puede consultar directamente en
la Oficina de Turismo de Ceuta), suelen abrir de tarde de lunes a viernes,
ofreciendo una experiencia muy didáctica gracias a los paneles
informativos y a los restos arqueológicos expuestos en su interior.
Defensa de Ceuta,1720
El Regimiento de Caballería del Príncipe carga contra las
tropas inglesas y moras que sitiaban la plaza de Ceuta, logrando romper el
asedio y arrasando las obras exteriores del ejército sitiador.
Ese texto exacto describe uno de los episodios más épicos y
audaces ocurridos durante el Sitio de Ceuta (1694-1727), conocido
formalmente como el asedio más largo de la historia documentada (¡duró 33
años!). La frase concreta que mencionas se ha popularizado en los últimos años
por ser la descripción histórica de un famoso cuadro del pintor de
batallas Augusto Ferrer-Dalmau, titulado precisamente «Carga
en Ceuta».
Aquí tienes la historia real, el contexto geopolítico y los
detalles de lo que ocurrió en aquel lejano 1720:
Para 1720, Ceuta llevaba ya 26 años cercada por
las tropas del sultán de Marruecos, Mulay Ismaíl. Los defensores españoles
sobrevivían gracias a los suministros que llegaban por mar desde la península.
El asedio no era un simple bloqueo: el ejército sitiador
(que sumaba decenas de miles de hombres) había construido un complejísimo
sistema de obras exteriores, trincheras, túneles de minado y baterías de
artillería en el istmo, asfixiando las murallas de la ciudad.
Aunque el ejército en el terreno era
marroquí, Inglaterra jugaba un papel crucial de apoyo. Tras capturar
Gibraltar en 1704, los británicos querían controlar ambas orillas del Estrecho.
Para lograr que España perdiera Ceuta, ingenieros y oficiales británicos
asesoraban a los sitiadores, les vendían piezas de artillería avanzadas y les
suministraban pólvora y pertrechos. Al entrar en las tiendas enemigas tras la
batalla, se encontraron documentos que demostraban esta colaboración.
En septiembre de 1720, harto del eterno asedio, el rey
Felipe V decidió dar un golpe definitivo. Envió a Ceuta una gigantesca
expedición de socorro de 16.000 hombres comandada por un militar
brillante: Juan Francisco de Bette, el Marqués de Lede.
Tras desembarcar y reorganizar la plaza, el 15 de noviembre
de 1720 el Marqués de Lede ordenó una salida masiva y por sorpresa de la
guarnición española. Es aquí donde el Regimiento de Caballería del
Príncipe se convirtió en el protagonista absoluto.
La caballería española salió en tromba a través de las
puertas de la plaza fuerte. El terreno del istmo de Ceuta era difícil,
escarpado y lleno de zanjas, pero el Regimiento del Príncipe ejecutó una
carga brutal y directa contra las líneas de vanguardia anglo-marroquíes.
- La
carga desbarató por completo la defensa del ejército sitiador. Los jinetes
españoles, apoyados por la infantería, pasaron a cuchillo las primeras
líneas, provocando el pánico.
- El
ejército español arrasó, quemó y cegó todas las trincheras, minas,
fortines y obras de asedio que los marroquíes habían tardado años en
construir frente a las Murallas Reales.
- La
acción duró unas cuatro horas. El ejército sitiador huyó en desbandada
hacia el interior (unos hacia Tetuán y otros hacia Tánger), abandonando
sus campamentos, armas, estandartes y tiendas, que fueron capturados como
botín.
Aquella heroica carga del Regimiento del Príncipe y la
contraofensiva del Marqués de Lede rompieron temporalmente el
asedio y dieron un respiro monumental a Ceuta, alejando el peligro de las
murallas.
Sin embargo, la alegría no duró para siempre. Meses después,
el Marqués de Lede fue reclamado en la península para otras campañas y se llevó
gran parte de las tropas. Los marroquíes, al ver que la ciudad se quedaba de
nuevo con la guarnición justa, regresaron y reconstruyeron el cerco. El sitio
se reactivó y no terminó definitivamente hasta 1727, cuando la muerte del
sultán Mulay Ismaíl desató una guerra civil entre sus hijos por el trono y las
tropas norteafricanas se retiraron para siempre.
Aut:CarlosCordero
ANTONIO LOPEZ SANCHEZ PRADOS CEUTA
Nacido en Herrera (Sevilla), llegó a Ceuta en la década de 1920. Ejercía como médico ginecólogo y tocólogo en el Hospital de la Cruz Roja y en la beneficencia municipal.
Más allá de su brillantez profesional, lo que lo convirtió
en un mito popular fue su inmensa calidad humana y labor social. Se
ganó el apodo del "médico de los pobres" porque jamás cobraba a los
pacientes que no tenían recursos. Es más, los testimonios de la época relatan
que, en muchas ocasiones, tras atender a familias humildes, dejaba
discretamente dinero en las mesitas de noche para que pudieran comprar las
medicinas o alimentos que necesitaban.
Con la llegada de la Segunda República, su enorme
popularidad lo impulsó a la primera línea política de la ciudad:Alcalde de
Ceuta: Se convirtió en el primer alcalde republicano de la
ciudad en abril de 1931. Tras un breve paréntesis por motivos personales,
volvió a asumir la alcaldía en febrero de 1936 tras la victoria del Frente
Popular.Diputado en Cortes: También representó a Ceuta como diputado en el
Congreso de los Diputados durante las elecciones constituyentes de 1931.
Cuando se produjo el golpe de Estado militar el 17 y 18 de
julio de 1936, Ceuta fue una de las primeras ciudades donde triunfó la
sublevación. A pesar de que tuvo oportunidades reales y ofertas para huir y
salvar su vida, Sánchez-Prado se negó rotundamente a abandonar la ciudad.
Consideraba que su deber ético era permanecer junto a los ciudadanos que lo
habían elegido.
Reunió a los pocos concejales que pudo en el Ayuntamiento y
cerró la última sesión plenaria con un firme alegato en defensa de los valores
democráticos y de la República. Horas después fue detenido por las fuerzas
sublevadas. Fue sometido a un consejo de guerra sumarísimo y fusilado
el 5 de septiembre de 1936 en la playa del Tarajal.
A pesar de que el régimen franquista intentó borrar su
huella (incluso incautando los escasos bienes de su familia), el recuerdo de su
bondad permaneció vivo en la memoria oral de los ceutíes durante décadas.
Hoy en día, su figura está completamente rehabilitada de
forma institucional
Cada 5 de septiembre, las principales autoridades de
la Ciudad Autónoma de Ceuta (de distintos signos políticos) le rinden un
homenaje institucional.
En el año 2006 (coincidiendo con el 70 aniversario de su
muerte), se inauguró una estatua de bronce a tamaño real en la
avenida principal que lleva su nombre (la conocida Avenida Sánchez-Prado,
frente a la Plaza de los Reyes).
Es muy común ver este monumento adornado con flores
frescas que los propios ciudadanos le siguen dejando en señal de respeto y
gratitud.
CEUTA Y MELILLA
Alberto Hispanista
Ceuta y Melilla no son “colonias”. Son España.Tan españolas como Madrid, Sevilla o Guadalajara.
Llevan siglos siendo tierra española, mucho antes incluso de la creación del actual Estado marroquí. Historia, derecho, cultura y soberanía internacional lo respaldan.
Ceuta y Melilla no son una ocupación.
Son hogares de españoles.
Con instituciones españolas, ciudadanos españoles, bandera española y soberanía reconocida por el orden internacional.
Mientras algunos intentan reescribir la historia con propaganda, los hechos siguen intactos:
España nunca tendrá que pedir perdón por defender lo que es suyo.
Porque Ceuta y Melilla no se discuten.
Se defienden.
Con orgullo.
Con historia.
Y con la dignidad de una nación que jamás renuncia a su tierra
Ceuta y el cólera durante la primera Guerra de África
Un artículo del Centro de Historia y Cultura Militar de Ceuta
Corría el mes de agosto de 1859, en pleno reinado de Isabel II, cuando en el campo de Ceuta se iniciaban las obras del marcaje de la delimitación pactada con Marruecos (Tánger 1844 y Larache 1845) y del futuro cuerpo de guardia de Santa Clara, situado cerca de la orilla del mar y a 150 m. de las puertas de Ceuta (sobre la actual Avenida España, frente al Colegio San Daniel), obra de cuya construcción el Cónsul de España en Tánger había dado cuenta previamente a las Autoridades marroquíes y al Alcaide del Serrallo.

Marruecos atenta contra las murallas de Ceuta
La noche del 11 al 12 (muchos autores hablan de la noche del día 10), cabileños de Anyera destruyen las obras, arrojan las garitas al mar y arrancan algunos hitos de los que marcaban los límites, destrozando el que estaba labrado con el escudo de España.
Tras un ultimátum de 20 días, prolongado otros veinte por la muerte del Sultán y una reunión con potencias europeas, España declara la guerra a Marruecos el 22 de octubre, si bien las hostilidades entre ambas partes no habían cesado y desde el día 23 de agosto los enfrentamientos eran diarios.
Inicios de la Guerra De Marruecos de 1860
En esas fechas la guarnición de Ceuta contaba apenas con el Regimiento Fijo y algunas unidades más de diversas Armas. Fue el batallón “Albuera” el primero en reforzar la plaza. El día 30 llegaron los Batallones “Madrid” y “Barbastro” y a estos le siguieron una cantidad ingente de unidades procedentes de la Península.
El 3 de noviembre, un RD. organizaba un Ejército expedicionario al mando del mismo presidente del Gobierno, el General O´Donell, constituido por tres Cuerpos de Ejército, una División de Reserva y otra de Caballería. En total una fuerza superior a 35.000 hombres en noviembre de 1859 y que se ampliaría hasta los 37.000 en febrero de 1860. Por su parte, la Armada estaba presente con un número significante de buques y cerca de 400 orígenes de fuego.

El Coronel Julio Contreras en su obra “Ceuta, XX Siglos de Historia Militar” establece cuatro fases en el desarrollo de la campaña. La primera, como de ocupación y consolidación del campo exterior de Ceuta. La siguiente, la de la marcha hacia Tetuán. La tercera, la define como la de la Batalla de Tetuán y primeras negociaciones de paz. La cuarta y última fase sería la Batalla de Wad Ras y firma del Tratado de Paz.
La situación sanitaria de la Fuerza Expedicionaria
En el marco de la situación sanitaria en la que actualmente nos encontramos, no es el fin de este artículo desarrollar la Guerra en cuanto a sus operaciones militares ni a las consecuencias de su tratado de paz final que desde el Centro de Historia y Cultura Militar será, sin duda, abordado en otras ocasiones, sino la de dar a conocer un aspecto muy particular pero sumamente destacado que concurrió en ella y que causó a nuestras tropas el triple de bajas que las de las armas enemigas: La aparición del cólera en la Fuerza Expedicionaria.
En el s. XIX, prácticamente todo el planeta, se vio sacudido por esta gran pandemia de la humanidad. Su efecto fue devastador, especialmente en Asia y Europa, con una intensidad que no se recordaba desde la Peste Negra.
El cólera en España
La llegada del cólera a España fue impactante y los dos primeros brotes en 1843 y 1854 causaron 300.000 muertos. Pues bien, cuando el país se hallaba recuperándose de las consecuencias de estos brotes epidémicos, el cólera se reproduce en 1859, de manera particular en la zona de Levante y alguna provincia de Andalucía, con efectos igualmente catastróficos. En consecuencia, el Ejército Expedicionario tendría que hacer frente a dos enemigos, a las tropas marroquíes y a otro más mortal e invisible: el cólera.
Tras la declaración de guerra, se hacía necesaria la organización de una estructura sanitaria que apoyase a las tropas. Inicialmente, esta formación sanitaria estaba constituida por dos bloques diferenciados.

El personal asignado a los cuarteles generales y estructuras sanitarias de los Cuerpos de Ejercito y Divisiones independientes que sumaban 50 sanitarios entre médicos y farmacéuticos y el destacado con las unidades tipo Regimiento y Batallón, cuyo número ascendía a 73.
Durante la campaña
En resumen, se inició la campaña con 123 jefes y oficiales médicos y farmacéuticos para atender a más de 35.000 soldados. Además del personal destinado en las unidades combatientes, hubo que cubrir las necesidades de personal sanitario en los hospitales de Ceuta, Málaga, Algeciras y otras plazas del sur español a los que se evacuaban enfermos y heridos procedentes de la zona de operaciones, por lo que dichos hospitales tuvieron que ser reforzados con médicos procedentes de otras provincias.
Los primeros casos de cólera aparecieron en el Serrallo poco después del desembarco en Ceuta del Ejercito Expedicionario. Rápidamente empezó a incrementarse el número de contagiados. El 25 de noviembre una gran parte de los efectivos del Primer Cuerpo de Ejército ya se encontraba afectado y así fue expandiéndose al resto de unidades. El cólera se constituyó en la principal causa de mortandad de la Guerra.
El propio General O´Donell, finalizada la campaña, haría las siguientes afirmaciones:
Ya en Ceuta, me encontré con un enemigo que no contaba, confieso que fui poco previsor, me encontré con el cólera, que no había allí, sino que lo habíamos llevado de la Península.
No eran los marroquíes, que a mí me imponía, sino el desarrollo del cólera, ese azote terrible cuya duración y número de víctimas no podía calcular con la predicción…
El procedimiento para el tratamiento, evacuación y recuperación de bajas siguió el modelo doctrinal de la Sanidad Militar Napoleónica. Después de ser reconocidos y tratados de urgencia por los médicos de primera línea eran evacuados a los hospitales de sangre establecidos en todos los campamentos donde eran atendidos, se realizaban las operaciones que requerían urgencia y se les preparaba, en su caso, para ser evacuados en un plazo de 24 horas hacia los hospitales de Ceuta o del litoral peninsular e incluso a buques de la Armada.

En este sentido hay que resaltar que se planteó el dilema de evacuar los enfermos a la península u hospitalizarlos en Ceuta. Se adoptó esta segunda posibilidad. Así todo, fue necesario evacuar convalecientes a la península.
Unos cálculos aproximados, extraídos de contradictorios datos oficiales, cifran en 20.918 los enfermos asistidos sólo en los hospitales de Ceuta entre noviembre y el 25 de marzo, de los cuáles el 52% lo eran por causa del cólera. Según describe el Coronel farmacéutico D. Gómez Rodríguez:
Ceuta era toda la ciudad un hospital; los soldados salieron de los cuarteles y los clérigos de sus iglesias; se habilitaron edificios públicos como el casino o el Rebellín.
Según las necesidades, se clasificaron en tres grupos: para coléricos, para heridos y para convalecientes.
Se dedicaron a coléricos: el de los Reyes, con 707 camas; el de San Francisco, con 80 camas; el de Jesús y María, con 80 camas; y los de San Manuel, El Reloj, Artillería, La Catedral y la Trinidad, que sumaban entre los cinco, 600 camas.
Para heridos se instaló en el casino un hospital con 25 camas, dedicado a oficiales y otro en el Rebellín para tropa con 350 camas. En unos barracones de madera construidos a las afueras de la ciudad se instalaron 100 camas.

Con la dificultad que presenta dar datos exactos sobre el número de muertos acaecidos durante la guerra y, aun mas, clasificarlos por la causa de la muerte, podemos establecer que la cifra total de fallecidos podría alcanzar los 4.050 soldados, de los cuales sólo 1.150 lo serían a causa de acciones de combate y los 3.000 restantes al cólera y otras enfermedades.
Como conclusión final, podemos afirmar que nuestra victoria ante la fuerza enemiga fue aplastante gracias a la mejor preparación del Ejército Español y a la valentía y sacrificio demostrado por sus soldados, pero el resultado fue desigual contra el otro rival, el cólera, a pesar del abnegado esfuerzo de la Sanidad Militar española que tuvo un comportamiento altamente eficaz, sacrificado y, en muchos casos, heroico.

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