Si paseas
por el centro de Ceuta, concretamente por la Plaza de los Reyes, es imposible
que no mires hacia arriba y te fijes en la imponente Casa de los Dragones.
Sobre su cornisa descansan unas enormes, oscuras y fantásticas criaturas aladas
que parecen sacadas de un cuento de misterio.
El edificio
original fue diseñado a inicios del siglo XX por el arquitecto José Cortina
Pérez para los hermanos Cortina, unos influyentes ciudadanos. Originalmente, el
tejado estaba custodiado por seis espectaculares dragones tallados en bronce. Sin
embargo, durante la Segunda República española (en la década de los 30), los
dragones originales fueron retirados de la fachada por motivos políticos y
estéticos, perdiéndose su rastro para siempre.
Durante
décadas, los ceutíes miraban la azotea vacía con nostalgia, convirtiendo la
desaparición de las esculturas en una especie de misterio local. No fue hasta
el año 2006 cuando la ciudad decidió devolverle su identidad: el artista
ceutí Antonio Romero encargó la creación de cuatro réplicas exactas de resina y
fibra de vidrio (para que pesaran menos). Hoy, los dragones vuelven a vigilar
desde las alturas el ir y venir de los caballas, devolviendo el misticismo a
las calles de Ceuta.

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