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Carta de un Naufrago desde Ceuta.


En Ceuta, el 4 de junio de 1692. En la Casa del Gobernador.


Amor mío:
Como puedes ver estoy vivo. No puedo imaginar tu sufrimiento durante tantos y tantos días al no conocer mi destino. Te pido disculpas con toda la fuerza de mi corazón, pero sólo quiero que sepas que tu pesar no habrá estado demasiado lejos del mío propio por no haber podido escribirte antes y paliar así tu pena.


No sé qué información exacta tendrás allá en nuestra queridísima Colliure sobre el paradero de los navíos perdidos en el Estrecho de Gibraltar, pero como he sido testigo directo de tales acontecimientos, permite que sea yo el que te informe de lo que ocurrió en la horrible noche del 18 de abril cuando me encontraba a bordo del Assuré.


Como bien sabes, pues me honraste con tu bendita presencia en nuestra despedida en el puerto de Toulon (cuando cierro los ojos aún puedo verte agitando el pañuelo entre la multitud, una rosa en el centro de un interminable prado de hojas secas), nuestra flota, formada por 16 navíos al mando del duque d’Estrées (¡que el Señor no lo haya llamado aún a su lado!), ponía proa a Brest.


Nuestro glorioso cometido no era el otro que el apoyar el desembarco de treinta mil franceses en Torbay y así comenzar con la conquista de la isla del pérfido inglés, por lo que con todo el trapo en la jarcia y nuestros mejores deseos, comenzamos a soñar con que nos convertiríamos en la punta de lanza de Su Majestad, Luis XIV, a que el Todopoderoso bendiga durante muchos años.


Después de días de travesía, en perfecta formación, con multitud de fiestas a bordo y brindando una y otra vez en nuestras cabinas y camaretas por la victoria, el 14 de abril, con la costa española a estribor, el Ardent avistó velas en el horizonte, y los gritos de entusiasmo se sucedieron a lo largo de toda nuestra línea al reconocer el pabellón inglés.


El conde, desde su insignia, el Sceptre, ordenó caza general, y nuestros navíos más veloces, el Precieux y el Fortune, dieron alcance a las dos embarcaciones enemigas apenas finalizada la noche, dando tiempo al resto de la escuadra a batirlos muy dignamente.


Una de las presas quedó tan dañada que nos vimos obligados a quemarla, pero nuestro líder, d’Estrées, envió un mensaje a todos los navíos con la frase “ya habéis probado la sangre inglesa. Paladeadla y sabed que nos espera más en las aguas del Canal”. Nuestros gritos de júbilo fueron la respuesta.


Pero conforme llegábamos a las aguas del Estrecho de Gibraltar, el fuerte viento del oeste y una bajada considerable de la presión en el barómetro, hizo que el conde mandara a los capitanes a bordo del buque insignia para tomar una decisión sobre el peligro que podía suponer el pasar al Atlántico en tales condiciones.


Nuestro capitán, Chaurenaute, a la vuelta al Assuré, nos informó que finalmente la decisión había sido la de seguir adelante, a pesar de que los capitanes Misand, del Invencible, y Pallieres, del Bon, marinos de reconocido prestigio, se habían opuesto con educación pero firmeza, avisando de la peligrosa acción del viento en esta aguas.


La lluvia y un imponente oleaje nos recibió en la mañana del 18, y los navíos más adelantados se perdían tras montañas azules rotas por la espuma, lo que provocaba miradas poco reconfortantes entre los más veteranos a bordo.


Además, el viento, que llegaba del noroeste, nos empujaba hacia la costa africana, y por mucho que lo intentábamos no podíamos evitar que la amenazadora tierra, por sotavento, fuera cada vez más visible. Para colmo llegó la noche, y con ella, una poderosa granizada que dificultaba aún más nuestras maniobras.Nuestra preocupación se multiplicaba, ya que, además de evitar que nuestra nave encallara, teníamos que estar pendientes de no chocar con alguno de nuestros propios navíos.


De hecho, pasada las nueve de la noche, y cuando me encontraba con mi guardia del trinquete recogiendo vela para que el palo no se rompiera por la fuerza del viento, surgió entre la oscuridad y las olas que inundaban buena parte del castillo la figura del espejo de popa del Superbe.
Aún no sé cómo pudieron oírnos desde el alcázar, ya que el silbar del viento con la jarcia nos convertía en sordos por una noche, pero aún así el segundo teniente De Vincelles, que en ese momento gobernaba el timón con la ayuda de dos fuertes marineros, reaccionó para que nuestro buque evitara la colisión.


Pero fue peor el remedio que la enfermedad, ya que perdimos la posición y nuestro bauprés señalaba hacia tierra firme mientras oíamos a popa el estampido de los cañones de nuestros buques para señalar su posición.


Pudimos distinguir las murallas de una ciudad, y bien definidas la figura de los cañones que la protegían. Pero en vez de recibir sus balas sobre nosotros, parecía que los habitantes hacían todo lo posible para evitar que nos estrelláramos, con numerosas luminarias para guiarnos en la medida de lo posible e impedir el desastre.


Pero era imposible. No había nada que hacer, el viento seguía acercándonos a nuestro macabro destino, y pude ver a nuestro capitán, paralizado mientras se agarraba a un obenque, con la mirada perdida hacia la muerte que nos aguardaba.


Un horrible crujir de madera, como si cientos de troncos de un bosque entero se partieran a la vez, se oyó sólo unos segundos antes de que todos a bordo rodáramos por cubierta al detenerse en seco el Assuré. Habíamos encallado.


Nuestro navío se escoró peligrosamente, y reaccioné justo a tiempo para evitar que un cañón de hierro de 18 libras, que se había soltado de su atadura en la cureña, terminara enviándome a las profundidades del mar.


Una vez logré ponerme a gatas, pues era casi imposible mantenerse en pie, estudié la situación y era dramática, ya que la fuerza del choque había hecho caer sobre nosotros el palo mayor y el trinquete (el mesana, milagrosamente, continuaba en su sitio), y nuestro navío estaba a merced de las olas, a la deriva tras liberarse de las rocas que habían destrozado a buen seguro la quilla.
Como pude bajé a la entrecubierta, y allí el espectáculo era sencillamente horrible.


Los cañones de bronce de 24 libras estaban sueltos y rodaban con estruendosos quejidos, como demonios, destrozando todo lo que encontraban en su camino. Prefiero no darte detalles sobre lo que pude ver ahí abajo, mi amor, pero nadie había quedado con vida después de que toneladas de metal hubieran arrasado madera y carne sin distinción.


Di gracias a Dios porque buena parte de los marineros se encontraran en ese momento en cubierta para tratar de gobernar el buque, pero aún así el destrozo había sido considerable, y alguno de esos monstruos de bronce había destrozado una porta por la que entraba cantidades enormes de agua, lo que terminaba de sentenciar al Assuré.


Había que pensar en la evacuación. Al menos tres cuartas partes de los hombres no sabían nadar. Pero cuando volví de nuevo al exterior, con el granizo azotándome la cara y tratando de mantener la estabilidad comprobé, con horror, que la proa estaba prácticamente hundida, y que muchos de nuestros marineros, a la desesperada, se lanzaban al agua como si Dios fuera a salvarles milagrosamente de una muerte segura.


Con la vista traté de buscar a otro oficial, pero sólo pude ver a De Guidy, alférez de navío, improvisando un ventaje para un soldado al que le sangraba la cabeza.
Sin apartar las manos de la cabeza de aquel desdichado, De Guidy, que evitaba mirarme a los ojos, me dijo que tanto el capitán como casi todos los oficiales habían embarcado en un bote y puesto rumbo a alta mar en busca de un navío de nuestra escuadra, dejándonos por tanto al resto definitivamente condenados.


Tan absorto me quedé que no fui consciente de que el Assuré escoraba a estribor tan rápido que antes de que nos diéramos cuenta los pocos que quedábamos en cubierta nos sumergimos en las frías aguas para compartir destino con nuestros compañeros ya ahogados.


Amor, me sentí morir. Mis ropajes y pesadas botas me impedían nadar con comodidad, y me encontré rodeado por la muerte, una muerte fría, negra, infinita, que me acogía en mi desesperado intento por alcanzar la superficie.


Querrás saber mi vida que cuando ya me faltaba el aire, cuando ya sabía que jamás volvería a ver la luz, no pensé en que ya no volvería abrazar a nuestro hijo, a pisar la hierba, a cabalgar a lomos de mi yegua Circe o a sentir el dulce viento salado sobre una embarcación a muchos nudos de velocidad. No. Con las pocas fuerzas que me quedaban me esforcé, ¡me obligué!, a pensar a ti, para que cuando la eternidad me atrapara me encontrase pensando en ti, mi amor, feliz por haberte amado hasta el último momento.


Pero a veces la fortuna es la mejor aliada de la desesperación, y cuando ya perdía el sentido noté cómo una mano me agarraba por el pelo y me alejaba de las profundidades antes de sumirme en un profundo sueño.


Para cuando desperté, y después de llegar a la conclusión tras reflexionar profundamente de que no estaba muerto y que aquel sacerdote que me observaba no era San Pedro y el caballero rubio que se encontraba a su lado no era un ángel, oí a éste relatarme que me habían salvado del naufragio de mi navío, que su nombre era Abel Mesi, de profesión traductor, y que me encontraba en la ciudad española de Ceuta.


Una vez recuperado, te alegrará saber que pese a que Francia y España se encuentran en guerra, el Gobernador de la Ciudad, el señor don Francisco Bernardo, un veterano de los tercios y que pese a estar lisiado de un brazo (un mosquetazo) ofrece un aspecto imponente, nos ha recibido en su casa a mí y a los oficiales supervivientes del Sague, que también encalló, pero con más suerte que nosotros, puesto que no se fue al fondo del mar y se rescató a oficiales, marineros y buena parte de la artillería.


El Assuré no tuvo tanta fortuna, y se calculan que al menos unos trescientos hombres han podido perecer ahogados en el desastre (unos cincuenta nos hemos salvado gracias al socorro llegado desde la propia ciudad). Una desgracia que espero que acompañe al cobarde del capitán Charenaute el resto de sus días.


Por mi parte, y mientras espero que se aceleren los trámites que nos devuelvan a Francia, aprovecho, con un permiso del Gobernador, para pasear por la ciudad mientras aguardo el día que pueda volver a tus brazos.


Mato el paso del tiempo con mi misa diaria en la ermita de Santa María de África, y todos los días visito en la Casa de la Misericordia al que se ha convertido en mi amigo De Guidy (la desgracia crea los lazos más poderosos), que logró sobrevivir a costa de una pierna que aplastó uno de los cañones de bronce de nuestro barco.


Cuando puedo, camino más allá de la puerta que conduce hacia el barrio que aquí llaman Almina, y ando entre sus viñas y huertos para observar la que he podido saber es la tumba de tantos y tantos compañeros: los Isleos de Santa Catalina.


Y aquí querida mía, en tierra enemiga, tan lejos de ti y de tus labios, quiero decirte que mi corazón, tras sobrevivir a la muerte, jamás se ha sentido más cerca de ti.
Y no hay tiempo para más, querida mía. Con amor se despide, siempre tuyo:
Guillaume Roland Deugeudon, teniente de navío del Assuré. Naufragado en Ceuta.

Por:Revista divulgativa de historia naval en internet
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Luis García Rodríguez....CEUTA

 El

                                      Luis García Rodríguez

⁠ Himno de Ceuta se estrenó el 5 de agosto de 1934 en el Teatro Cervantes y fue declarado oficial el 24 de agosto de 1934 por el ayuntamiento presidido por Victoriano Goñalons. La letra fue escrita por el poeta y concejal Luis García Rodríguez, y la música compuesta por Ángel García Ruiz junto a su esposa Matilde Tavera.

Origen y Estreno
  • Creación: Nació en 1934 como un canto de paz, amor y unión para la ciudad.
  • Primera interpretación: A cargo de la Orquesta Sinfónica local, con la ayuda de la Banda del Tercio y la Masa Coral.
  • Oficialidad: El consistorio municipal aprobó su adopción oficial el 24 de agosto de 1934.
  • Reconocimiento legal: Su estatus institucional quedó refrendado en el marco del Estatuto de Autonomía de la ciudad y publicado en el Boletín Oficial del Estado en marzo de 1995.
Sus Autores
  • Letra: Luis García Rodríguez, poeta local y político reformista de la época.
  • Música: Ángel García Ruiz (destacado músico que fundó el Conservatorio y la Orquesta Sinfónica) y su esposa Matilde Tavera.
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PLAZA DE TOROS DE CETRA 1934


 El domingo 5 de agosto de 1934 fue uno de los días más importantes de la historia cultural y festiva de Ceuta. Coincidía con el día grande de las fiestas patronales de la Virgen de África, y la jornada reunió varios acontecimientos destacados.

El hecho histórico más relevante fue el estreno del Himno de Ceuta en el Teatro Cervantes, a las 11:30 de la mañana. La interpretación estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica de Ceuta, la Banda del Tercio y la Masa Coral del Conservatorio, dirigidas por el compositor Ángel García Ruiz, autor de la música junto con Matilde Tavera. La letra era obra del poeta Luis García Rodríguez. El acto fue retransmitido en directo por Radio Ceuta EAJ-46, una de las primeras emisoras de la ciudad. 

Por la tarde se celebró la tradicional corrida de toros de la Feria de Ceuta. El cartel estaba formado por:

Cayetano Ordóñez "Niño de la Palma" 

Vicente Barrera 

Enrique Torres 

Fue uno de los grandes atractivos de las fiestas y reunió a un numeroso público llegado tanto de Ceuta como del Protectorado español en Marruecos. El festejo fue ampliamente anunciado en la prensa de la época. 

La ciudad vivía los actos en honor de Santa María de África, patrona de Ceuta. Durante esos días se desarrollaban verbenas, conciertos, recepciones oficiales y otros actos religiosos y populares que convertían el 5 de agosto en la jornada central de la feria. 

El 5 de agosto de 1934 es recordado especialmente porque confluyeron:

el estreno público del Himno de Ceuta; 

una corrida de toros de gran categoría, con el Niño de la Palma, Vicente Barrera y Enrique Torres; 

y la celebración del día de la patrona, la Virgen de África.

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CERVEZA AFRICA STAR....CEUTA


 

  • El mercado exterior se redujo de forma drástica al encontrarse con una competencia de origen francés fuertemente asentada en el país vecino.
  • A pesar de que su maquinaria y tecnología permitían una producción potencial muy alta (unos 200.000 hectolitros anuales), la realidad del mercado local hizo que se estabilizara en torno a una cuarta parte de su capacidad (unos 50.000 hectolitros al año).

Su producto estrella fue la cerveza África Star, elaborada en variedades como Pilsen, Extra Fine, Olsen o Leda. Siguiendo la tradición del grupo, también se embotelló allí temporalmente la clásica Estrella Dorada. Durante más de tres décadas, fue considerada el buque insignia de la industria local y un producto con un sabor muy querido y recordado por los ceutíes.

  • El fin de una era: Tras 35 años de actividad ininterrumpida, la fábrica cerró sus puertas definitivamente en octubre de 1992, poniendo fin a la industria cervecera a gran escala en la ciudad.

ceuta star

  • La sociedad se disolvió formalmente a mediados de los 90 y el edificio fue volado y derruido el 13 de mayo de 1994. Incluso su icónica chimenea acabó siendo demolida.

Coleccionismo Serigrafiadas.

  • Sobre el solar que ocupaba la antigua fábrica se construyó posteriormente un área industrial que, a modo de homenaje histórico, fue bautizada como el Polígono Industrial "La Chimenea". Además, las botellas y chapas serigrafiadas de La Estrella de África siguen siendo hoy en día piezas de coleccionismo muy valoradas.
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Nuestra Señora de África. Patrona de Ceuta en Argelia

No solamente los católicos, sino también los musulmanes, sobre todo las mujeres, llegan de todas partes para rezar delante de la estatua de la Santísima Virgen, llamada en árabe "Lalla Mariam."



Cerámica Santa Ana. Sevilla
No solamente los católicos, sino también los musulmanes, sobre todo las mujeres, llegan de todas partes para rezar delante de la estatua de la Santísima Virgen, llamada en árabe "Lalla Mariam." Argel, ciudad capital de Argelia en el Norte de África, está ubicada en un sitio hermoso a orilla del Mar Mediterráneo.La ciudad cuenta actualmente con más de un millón de habitantes.Argelia es el segundo país más extenso de África con el desierto del Sahara que ocupa dos millones de kilómetros cuadrados.Los árabes dieron a Argelia su civilización islámica. En el siglo IV había en esta tierra entre 600 y 700 obispos católicos.San Agustín, uno de los más grandes santos de la Iglesia, era argelino. Los árabes impusieron la religión islámica a partir del siglo VII y hoy el Islam es la religión del Estado, practicada por el 98% de la población.En las 4 diócesis argelinas los católicos sobrepasan de poco los 60,000.En la ciudad de Argel se encuentra un célebre santuario mariano dedicado a "Nuestra Señora de África".Las inspiradoras de este santuario fueron dos mujeres: Margarita Bergezio y Anna Cuiquien, francesas, pero de origen italiano.Ellas siguieron al obispo Monseñor Pavy, en 1846, para consagrarse a las obras caritativas que el obispo había fundado en Argelia.Cuando Margarita y Anna llegaron de Francia no encontraron ningún santuario mariano en aquella tierra, por eso colocaron una pequeña estatua de la Santísima Virgen sobre un árbol de olivo en las cercanías de Argel.Poco a poco el lugar se convirtió en un centro de peregrinación de parte de numerosos devotos de la Virgen, de manera que las dos piadosas mujeres recolectaron dinero y construyeron una capilla provisoria en 1857.El santuario actual fue completado en 1872. Se encuentra sobre un promontorio que domina el mar y la ciudad de Argel....MÁS
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                                                              FOTO:
www.ceutatv.com

El acto tiene lugar en la emblemática Plaza de África, justo a las puertas de su Santuario.

  • Previamente a la llegada de los ciudadanos, la imagen de la Virgen es trasladada desde el Altar Mayor hasta el dintel o la puerta principal del templo, totalmente engalanada para la ocasión.
  • La ceremonia suele dar comienzo con el rezo de la Salve, presidido por las autoridades eclesiásticas (como el obispo de la diócesis de Cádiz y Ceuta) y acompañado por cánticos y muestras de profunda devoción.

Cientos de ceutíes, ataviados en muchas ocasiones con trajes tradicionales o de flamenca, participan en un desfile continuo de fervor:

  • El desfile institucional lo encabeza tradicionalmente el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta (junto con miembros de la Asamblea), seguido de representantes de la Delegación del Gobierno, autoridades militares de la Comandancia General, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local), así como la Cruz Roja.
  • A continuación desfilan las casas regionales, hermandades y cofradías, asociaciones culturales, barriadas y multitud de familias y ciudadanos a título particular.
  • Los asistentes depositan sus ramos, centros y grandes cestas de flores a los pies del paso, creando de manera progresiva un impresionante y colorido manto floral que arropa a la Patrona.

El evento no es solo una manifestación de fe religiosa, sino también una gran fiesta cultural y popular:

  • La música cofrade y popular impregna el ambiente gracias a la participación de agrupaciones musicales locales.
  • Se suelen suceder actuaciones de academias de baile de la ciudad, coros rocieros y artistas locales que ofrecen su arte como tributo vivo a la Virgen.

Este acto sintetiza la identidad de Ceuta y el vínculo histórico de sus habitantes con Santa María de África, siendo la antesala perfecta para la solemne procesión de Gloria que recorrerá las calles de la ciudad al día siguiente.

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El GUADALHORCE EN CEUTA AÑOS 40

http://vidamaritima.com/



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PULPO A LA MARINERA POR RAFAEL FONTALBA...CEUTA


 Ingredientes:


1 kg. Pulpo cocido
Una cebolla
Un pimiento verde
Un pimiento rojo
Tres dientes de ajos
Tres tomates maduros
Una copa vino manzanilla
Perejil.

Preparación:
Cortamos el pulpo en rodajas y reservamos, seguidamente hacemos un refrito con todos los ingredientes bien picaditos, la cebolla se puede sustituir por un manojo de cebolletas (asi me gusta mas) una vez terminado el refrito añadimos el vino blanco y un poco de perejil picado, mezclamos en el perol con el pulpo, damos un hervor de unos 5 minutos y listo.
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CANCELACION DE LA FERIA DE CEUTA 2026



 VER PROGRAMACION AQUÍ

La Ciudad Autónoma de Ceuta ha suspendido de forma oficial las Fiestas Patronales (Feria de Ceuta), que debían celebrarse a principios de agosto, debido a la grave crisis migratoria que atraviesa la ciudad.

Los motivos principales de esta decisión son los siguientes:

  • Emergencia migratoria y presión en la frontera: La repentina llegada masiva de miles de personas a través de la frontera del Tarajal y por vía marítima generó una situación excepcional de gran presión sobre los recursos locales, la seguridad y los servicios de atención humanitaria.

  • Falta de garantías de seguridad y prudencia: El Gobierno local argumentó que, ante un escenario de tanta incertidumbre, inestabilidad y preocupación, no se daban las condiciones necesarias de tranquilidad y seguridad para celebrar un evento festivo de esta magnitud.

  • Movilización de recursos: Los operativos policiales, de emergencia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tuvieron que centrar todos sus esfuerzos en gestionar la crisis humanitaria y el control fronterizo, lo que hacía inviable mantener el dispositivo habitual de la feria.

Esta abrupta cancelación supuso un duro golpe para el sector hostelero, los caseteros, los comerciantes y los feriantes (muchos de los cuales tuvieron que desmontar y buscar alternativas en otros puntos como la feria de Málaga), además de la tristeza evidente de los ceutíes al quedarse sin sus días grandes de convivencia.