javierceuta1
Recorrido por aquella Ceuta que los mayores recordamos con añoranza.
Ingredientes: 1 kg. Pulpo cocido Una cebolla Un pimiento verde Un pimiento rojo Tres dientes de ajos Tres tomates maduros Una copa vino ma...
javierceuta1
Recorrido por aquella Ceuta que los mayores recordamos con añoranza.
El Foso de san Felipe es una maravillosa construcción portuguesa que data de los siglos XIV Y XV y está declarada como Bien de Interés Cultural. Es el único navegable en el mundo y el único que une las aguas del océano Atlántico con las del Mediterráneo.
En Ceuta podrás bañarte por la mañana en una playa atlántica y por la tarde en una de aguas mediterráneas. Un enclave, sin duda, privilegiado y tremendamente estratégico.
HISTORIA DE LA FORTIFICACIÓN.
https://www.defensa.gob.es/portaldecultura
Es posible que durante la dominación portuguesa y española el castillo fuera utilizado como ciudadela o último reducto en caso de que existiera una ocupación del puerto y la población por parte de los musulmanes, pero con el aumento del poder de la artillería se fue haciendo más difícil asegurar la ciudad desde el Hacho.
En 1597, el corregidor de Gibraltar, Iñigo de Arroyo Santisteban, hizo que el ingeniero Cristóbal de Rojas pasase por Ceuta para visitar el Castillo y reformar el puerto de la ciudad.
A mediados del siglo XVIII (1773) se construye la actual fortaleza, según una propuesta de Juan Caballero que proyectaba para el fuerte cuarenta torreones, un nuevo cuartel para doscientos soldados y un polvorín para doscientos quintales.
En 1870 se convirtió en penal. La Ley de Prisiones de 1849 disponía que los castigados a cadena perpetua cumplieran su condena en Ceuta y otros presidios africanos menores.
El Hacho se ha ampliado desde entonces con recintos para distintos usos según las necesidades de cada momento. Hoy, abandonada su función como prisión, la fortaleza es un acuartelamiento de Artillería Antiaérea.
EDIFICACIÓN Y SITUACIÓN ACTUAL
De origen muy antiguo, romano o bizantino, el Castillo del Hacho ha sufrido múltiples transformaciones, pero el aspecto que conocemos actualmente es el del proyecto de 1773, diseñado por Juan Cavallero.
El Castillo es una construcción de planta hexagonal que ocupa una superficie de 10 hectáreas. Las murallas que forman la fortaleza contiene seis baluartes para vigilar sus flancos. Construidas en mampostería, dejan en el interior una gran explanada.
Los dos lados con orientación norte describen un ángulo convexo. Los lados con orientación sur se cortan en un ángulo muy abierto. La fortificacion cuenta con 41 torres; 40 estaban previstas en el proyecto de Cavallero. Unas cuantas están encastradas en los baluartes, otro torreón está fuera del recinto. Las torres no son cilíndricas: resultan algo más estrechas en el adarve que en la base.
En el interior de la Fortaleza Militar se encuentran el Grupo de Artillería de Costa de Ceuta y el Grupo de Artillería Antiaérea VI.
Juan León Espinosa
Los que somos de esta tierra, de pequeño nos preguntábamos ¿Por qué está este pedazo de roca sobre un llano de arena? En aquellos entonces -los años cuarenta-, los profesores y mayores nos hablaban de cómo se formó el Estrecho de Gibraltar, nos decían que el personaje mitológico Hércules llega a estos confines del mundo y de un golpe de su poderosa maza, separa a los dos continentes (Europa y África, es decir, Calpe y Abyla lo que después sería Gibraltar y Ceuta), formándose una depresión en el terreno por la que rápidamente pasó el agua del Océano Atlántico, dando lugar a la formación del Mar Mediterráneo y al Estrecho.
https://espaciomex.com/gastronomia/ceuta-autentica-cocina-fusion-en-un-crisol-de-culturas/
Por Carmen González Rincón.
CEUTA, España.- Un buen vino o una fría cerveza acompañada de una tapa reúne a muchos ceutíes en la céntrica calle Jáudenes. De toda la oferta para este tapeo, a quienes vienen de fuera de Ceuta les suele sorprender el montadito de corazones de pollo, plato único en la gastronomía de española.
Según cuenta la historia, todo comenzó cuando el dueño de un antiguo bar cocinó esta casquería con especias, ajo, perejil y limón y lo sirvió a unos clientes habituales para gastarles una broma que no salió bien porque les encantó el invento. La broma se convirtió en la receta más ceutí por excelencia.
La geografía de la ciudad la hacen también uno de los mejores lugares para consumir el atún de almadraba, buenos mariscos como la concha fina y pescados en salazón únicos. Estas conservas marinas llevan realizándose en la ciudad desde la época romana, como bien atestiguan los numerosos restos arqueológicos encontrados. “Volaores” o bonitos adornan el verano ceutí, colgando de muchos balcones para que los vientos de levante y poniente terminen de secar y curar el pescado.
La geografía de la ciudad la hacen también uno de los mejores lugares para consumir el atún de almadraba, buenos mariscos como la concha fina y pescados en salazón únicos. Estas conservas marinas llevan realizándose en la ciudad desde la época romana, como bien atestiguan los numerosos restos arqueológicos encontrados. “Volaores” o bonitos adornan el verano ceutí, colgando de muchos balcones para que los vientos de levante y poniente terminen de secar y curar el pescado.
La relación tan cercana con el vecino país de Marruecos ha hecho que la gastronomía ceutí funda lo mejor de ambos países. En la ciudad los fines de semana comienzan con el clásico cous-cous de los viernes –tradición tomada del día festivo de los musulmanes- y termina con la paella del domingo.
En Ceuta han convivido cristianos, musulmanes, judíos e hindúes durante siglos. Las festividades religiosas marcan los menús en muchos hogares y restaurantes de la ciudad.
Como cualquier otra región de España, la Semana Santa se refleja no solo en el olor a incienso en las calles, sino también por los dulces más característicos de esta época. Rosquillas, torrijas o arroz con leche son unos clásicos más que reconocidos.
Más desconocidos son los típicos dulces que las principales panaderías y pastelerías de la ciudad exhiben durante el mes del Ramadán: chuparquía (shubbakia), breguas de pollo, canutillos de almendra y pastelas.
Con la caída del sol, muchas calles huelen a harira, una sopa emblemática de la cocina marroquí que se ha hecho hueco en la cultura ceutí. Compuesta por verduras, legumbres, cereales y carne, esta contundente sopa ayuda a recuperar el organismo después del día de ayuno.
Una visita a Ceuta debe concluir, sin importar la época del año, con un té con hierbabuena sentado en algunas de las cafeterías de la ciudad, que sabe mejor acompañado de rgayef, una especie de crepe marroquí.