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FOSO SAN FELIPE...ceuta y sus 7 montes


En 1961, 400 chabolas fueron demolidas del barrio Foso San Felipe , hacia la barriada de Terrones



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CEUTA Y MELILLA

Alberto Hispanista


 Ceuta y Melilla no son “colonias”. Son España.

Tan españolas como Madrid, Sevilla o Guadalajara.
Llevan siglos siendo tierra española, mucho antes incluso de la creación del actual Estado marroquí. Historia, derecho, cultura y soberanía internacional lo respaldan.
Ceuta y Melilla no son una ocupación.
Son hogares de españoles.
Con instituciones españolas, ciudadanos españoles, bandera española y soberanía reconocida por el orden internacional.
Mientras algunos intentan reescribir la historia con propaganda, los hechos siguen intactos:
España nunca tendrá que pedir perdón por defender lo que es suyo.
Porque Ceuta y Melilla no se discuten.
Se defienden.
Con orgullo.
Con historia.
Y con la dignidad de una nación que jamás renuncia a su tierra
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APARICION DE SANCHEZ PRADOS

HISTORIAS DE CARLOS CORDERO


El asfalto que serpentea hacia el Cementerio de Santa Catalina tiene un brillo especial bajo la luz mortecina del atardecer ceutí. No es solo el salitre del Estrecho; es la pesadez de los siglos que parecen acumularse en esa curva donde el viento de Levante castiga con más fuerza.

Aquella tarde, el caminante —un hombre de mirada entrenada por los años de servicio en la Policía Nacional— avanzaba con el paso rítmico de quien busca despejar la mente. Sin embargo, el aire se volvió denso, casi sólido, justo antes de que apareciera la silueta.

A la altura de la carretera del camposanto, una figura emergió de la bruma. Era un hombre menudo, de porte distinguido pero anacrónico. Al cruzarse, sus miradas se anclaron un segundo. Los ojos del desconocido no eran de este tiempo: tenían una profundidad acuosa, una mezcla de infinita fatiga y una benevolencia que resultaba casi hiriente.—Buenas tardes nos dé Dios —susurró el extraño con un leve cabeceo.

El policía asintió, extrañado por el tono de voz, que sonaba como un disco de gramófono rayado por el tiempo. Siguió caminando, pero un cosquilleo eléctrico le recorrió la nuca. Aquel hombre vestía un traje oscuro de corte impecable, una pajarita perfectamente anudada y portaba un maletín de cuero gastado que ya no se veía en las tiendas de la calle Real.

Al dar la vuelta para regresar a la ciudad, el policía volvió a verlo. Estaba allí, parado frente al horizonte donde el Mediterráneo se funde con el cielo. Las vestimentas, que antes parecían "raras", ahora le resultaban imposibles. El tejido no ondeaba con el viento; parecía tallado en la misma piedra de la muralla.

El caminante aceleró el paso, sintiendo que el espacio entre ambos se contraía de forma antinatural. No hubo segundo saludo. Solo el silencio sepulcral de la carretera y el eco de sus propios pasos contra el suelo.

Durante días, la imagen de aquel rostro no abandonó sus sueños. Había algo en la frente despejada, en la forma de la mandíbula y en esa mirada de "médico que ha visto demasiada muerte" que le resultaba familiar.

Fue una tarde de lluvia, mientras paseaba frente al Ayuntamiento, cuando se detuvo en seco ante la estatua de bronce. El corazón le dio un vuelco que le robó el aliento.

No era un parecido. No era una coincidencia. Eran los mismos ojos que lo habían saludado camino al cementerio.

Era Don Antonio López Sánchez-Prados. El alcalde, el médico, el mártir. El hombre que, ochenta años después de que los fusiles callaran su voz, parecía seguir recorriendo el camino hacia el descanso eterno, maletín en mano, asegurándose de que su Ceuta seguía respirando bajo la vigilancia de los vivos.

El policía guardó silencio, sabiendo que en esta ciudad, hay verdades que solo se susurran cuando el sol se esconde tras el monte Hacho.

¿Te imaginas la sensación de ese hombre al ver la estatua y comprender que el "desconocido" llevaba muerto casi un siglo?

CarlosCordero....


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Ceuta y el cólera durante la primera Guerra de África

Un artículo del Centro de Historia y Cultura Militar de Ceuta

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Corría el mes de agosto de 1859, en pleno reinado de Isabel II, cuando en el campo de Ceuta se iniciaban las obras del marcaje de la delimitación pactada con Marruecos (Tánger 1844 y Larache 1845) y del futuro cuerpo de guardia de Santa Clara, situado cerca de la orilla del mar y a 150 m. de las puertas de Ceuta (sobre la actual Avenida España, frente al Colegio San Daniel), obra de cuya construcción el Cónsul de España en Tánger había dado cuenta previamente a las Autoridades marroquíes y al Alcaide del Serrallo.

ceuta sanidad miltar
Campamento del Serrallo en Ceuta (Archivo del autor)

/// Contenidos:



Marruecos atenta contra las murallas de Ceuta

La noche del 11 al 12 (muchos autores hablan de la noche del día 10), cabileños de Anyera destruyen las obras, arrojan las garitas al mar y arrancan algunos hitos de los que marcaban los límites, destrozando el que estaba labrado con el escudo de España.

Tras un ultimátum de 20 días, prolongado otros veinte por la muerte del Sultán y una reunión con potencias europeas, España declara la guerra a Marruecos el 22 de octubre, si bien las hostilidades entre ambas partes no habían cesado y desde el día 23 de agosto los enfrentamientos eran diarios.

Inicios de la Guerra De Marruecos de 1860

En esas fechas la guarnición de Ceuta contaba apenas con el Regimiento Fijo y algunas unidades más de diversas Armas. Fue el batallón “Albuera” el primero en reforzar la plaza. El día 30 llegaron los Batallones “Madrid” y “Barbastro” y a estos le siguieron una cantidad ingente de unidades procedentes de la Península.

El 3 de noviembre, un RD. organizaba un Ejército expedicionario al mando del mismo presidente del Gobierno, el General O´Donell, constituido por tres Cuerpos de Ejército, una División de Reserva y otra de Caballería. En total una fuerza superior a 35.000 hombres en noviembre de 1859 y que se ampliaría hasta los 37.000 en febrero de 1860. Por su parte, la Armada estaba presente con un número significante de buques y cerca de 400 orígenes de fuego.

PEDRO MUR WAD RAS
El húsar Pedro Mur robando el estandarte de la caballería Marroquí

El Coronel Julio Contreras en su obra “Ceuta, XX Siglos de Historia Militar” establece cuatro fases en el desarrollo de la campaña. La primera, como de ocupación y consolidación del campo exterior de Ceuta. La siguiente, la de la marcha hacia Tetuán. La tercera, la define como la de la Batalla de Tetuán y primeras negociaciones de paz. La cuarta y última fase sería la Batalla de Wad Ras y firma del Tratado de Paz.

La situación sanitaria de la Fuerza Expedicionaria

En el marco de la situación sanitaria en la que actualmente nos encontramos, no es el fin de este artículo desarrollar la Guerra en cuanto a sus operaciones militares ni a las consecuencias de su tratado de paz final que desde el Centro de Historia y Cultura Militar será, sin duda, abordado en otras ocasiones, sino la de dar a conocer un aspecto muy particular pero sumamente destacado que concurrió en ella y que causó a nuestras tropas el triple de bajas que las de las armas enemigas: La aparición del cólera en la Fuerza Expedicionaria.

En el s. XIX, prácticamente todo el planeta, se vio sacudido por esta gran pandemia de la humanidad. Su efecto fue devastador, especialmente en Asia y Europa, con una intensidad que no se recordaba desde la Peste Negra.

El cólera en España

La llegada del cólera a España fue impactante y los dos primeros brotes en 1843 y 1854 causaron 300.000 muertos. Pues bien, cuando el país se hallaba recuperándose de las consecuencias de estos brotes epidémicos, el cólera se reproduce en 1859, de manera particular en la zona de Levante y alguna provincia de Andalucía, con efectos igualmente catastróficos. En consecuencia, el Ejército Expedicionario tendría que hacer frente a dos enemigos, a las tropas marroquíes y a otro más mortal e invisible: el cólera.

Tras la declaración de guerra, se hacía necesaria la organización de una estructura sanitaria que apoyase a las tropas. Inicialmente, esta formación sanitaria estaba constituida por dos bloques diferenciados.

sanitarios guerra africa
Material que los sanitarios utilizaban en la campaña de Marruecos (Archivo del MINISDEF)

El personal asignado a los cuarteles generales y estructuras sanitarias de los Cuerpos de Ejercito y Divisiones independientes que sumaban 50 sanitarios entre médicos y farmacéuticos y el destacado con las unidades tipo Regimiento y Batallón, cuyo número ascendía a 73.

Durante la campaña

En resumen, se inició la campaña con 123 jefes y oficiales médicos y farmacéuticos para atender a más de 35.000 soldados. Además del personal destinado en las unidades combatientes, hubo que cubrir las necesidades de personal sanitario en los hospitales de Ceuta, Málaga, Algeciras y otras plazas del sur español a los que se evacuaban enfermos y heridos procedentes de la zona de operaciones, por lo que dichos hospitales tuvieron que ser reforzados con médicos procedentes de otras provincias.

Los primeros casos de cólera aparecieron en el Serrallo poco después del desembarco en Ceuta del Ejercito Expedicionario. Rápidamente empezó a incrementarse el número de contagiados. El 25 de noviembre una gran parte de los efectivos del Primer Cuerpo de Ejército ya se encontraba afectado y así fue expandiéndose al resto de unidades. El cólera se constituyó en la principal causa de mortandad de la Guerra.

El propio General O´Donell, finalizada la campaña, haría las siguientes afirmaciones:

Ya en Ceuta, me encontré con un enemigo que no contaba, confieso que fui poco previsor, me encontré con el cólera, que no había allí, sino que lo habíamos llevado de la Península.

No eran los marroquíes, que a mí me imponía, sino el desarrollo del cólera, ese azote terrible cuya duración y número de víctimas no podía calcular con la predicción…

El procedimiento para el tratamiento, evacuación y recuperación de bajas siguió el modelo doctrinal de la Sanidad Militar Napoleónica. Después de ser reconocidos y tratados de urgencia por los médicos de primera línea eran evacuados a los hospitales de sangre establecidos en todos los campamentos donde eran atendidos, se realizaban las operaciones que requerían urgencia y se les preparaba, en su caso, para ser evacuados en un plazo de 24 horas hacia los hospitales de Ceuta o del litoral peninsular e incluso a buques de la Armada.

colera sanidad militar
Intruccion sobre las precauciones ó reglas de higiene militar que deberan observarse con objeto de preservar á las tropas así en campaña

En este sentido hay que resaltar que se planteó el dilema de evacuar los enfermos a la península u hospitalizarlos en Ceuta. Se adoptó esta segunda posibilidad. Así todo, fue necesario evacuar convalecientes a la península.

Unos cálculos aproximados, extraídos de contradictorios datos oficiales, cifran en 20.918 los enfermos asistidos sólo en los hospitales de Ceuta entre noviembre y el 25 de marzo, de los cuáles el 52% lo eran por causa del cólera. Según describe el Coronel farmacéutico D. Gómez Rodríguez:

Ceuta era toda la ciudad un hospital; los soldados salieron de los cuarteles y los clérigos de sus iglesias; se habilitaron edificios públicos como el casino o el Rebellín.

Según las necesidades, se clasificaron en tres grupos: para coléricos, para heridos y para convalecientes.

Se dedicaron a coléricos: el de los Reyes, con 707 camas; el de San Francisco, con 80 camas; el de Jesús y María, con 80 camas; y los de San Manuel, El Reloj, Artillería, La Catedral y la Trinidad, que sumaban entre los cinco, 600 camas.

Para heridos se instaló en el casino un hospital con 25 camas, dedicado a oficiales y otro en el Rebellín para tropa con 350 camas. En unos barracones de madera construidos a las afueras de la ciudad se instalaron 100 camas.

La campaña de Marruecos : memorias de un médico militar (1860) - Landa, Nicasio, 1830-1891
La campaña de Marruecos : memorias de un médico militar (1860) – Landa, Nicasio, 1830-1891

Con la dificultad que presenta dar datos exactos sobre el número de muertos acaecidos durante la guerra y, aun mas, clasificarlos por la causa de la muerte, podemos establecer que la cifra total de fallecidos podría alcanzar los 4.050 soldados, de los cuales sólo 1.150 lo serían a causa de acciones de combate y los 3.000 restantes al cólera y otras enfermedades.

Como conclusión final, podemos afirmar que nuestra victoria ante la fuerza enemiga fue aplastante gracias a la mejor preparación del Ejército Español y a la valentía y sacrificio demostrado por sus soldados, pero el resultado fue desigual contra el otro rival, el cólera, a pesar del abnegado esfuerzo de la Sanidad Militar española que tuvo un comportamiento altamente eficaz, sacrificado y, en muchos casos, heroico.

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EL MONSTRUO DE LA ALMADRABA..ceuta y sus 7 montes


                                            Historias de Carlos Cordero
 

Esta historia es puro sabor a salitre y misterio antiguo. En el barrio de La Almadraba, donde el mar no es un paisaje sino una forma de vida, los relatos de los años 50 y 60 tienen esa pátina de leyenda que solo el Estrecho sabe fabricar.

En la Ceuta de los años 50, cuando el motor de las pateras era el brazo y el sudor, un pescador de La Almadraba se aventuró mar adentro en busca de la plata roja de los besugos. El mar estaba en calma, una balsa de aceite que escondía secretos que la luz del sol no lograba iluminar.

El hombre trabajaba con la parsimonia del oficio. Echaba el aparejo, cobraba la pieza y la arrojaba a la pesquera. Pero algo no cuadraba. Cada vez que bajaba la vista, el montón de peces parecía menguar.

No puede ser se decía, frotándose los ojos cansados. Juraría que había más.

Desconcertado, decidió no apartar la vista de su botín. Y entonces, el aire se volvió pesado. Por el costado de la madera vieja de la patera, el agua se rompió sin hacer ruido. De las profundidades emergió algo que no pertenecía al mundo de los hombres: una mano negra, de dedos largos y piel escamosa, que se aferró a la borda con una fuerza ancestral.

Ante su mirada petrificada, la extremidad tanteó el aire, atrapó un besugo con precisión quirúrgica y volvió a hundirse en el azul oscuro.

El terror, ese que hiela la sangre incluso bajo el sol de África, le dio la fuerza necesaria para agarrar los remos. Bogó con la desesperación de quien huye de la muerte misma, sintiendo que algo lo observaba desde el fondo. Al llegar a la arena de La Almadraba, se desplomó jadeante, con los ojos desorbitados:

¡Un monstruo! ¡Un monstruo marino! gritaba, mientras los vecinos acudían a socorrerlo.

Los vecinos, intentando devolver la cordura al barrio, hablaron de una foca monje o de un lobo marino descarado. Eran tiempos en los que todavía quedaban colonias de estos animales en el litoral ceutí, y su inteligencia para "robar" capturas era bien conocida.

Pero, ¿qué sé yo al respecto?

La ciencia diría que fue una Monachus monachus (foca monje), cuya aleta oscura y destreza pueden confundir a un hombre aterrado. Sin embargo, en un lugar como Ceuta, donde las corrientes del Atlántico y el Mediterráneo se baten en duelo, el folklore prefiere otras respuestas. Los antiguos hablaban de los "Hombres-Pez" o de criaturas de las profundidades que, aburridas de la soledad del abismo, subían a cobrar su tributo a los vivos.

Aquella mano escamosa se llevó los besugos, pero le dejó al pescador una historia que ni toda la arena de La Almadraba podrá enterrar. ¿Foca o demonio? En el Estrecho, a veces, la respuesta depende de cuánta fe tengas en el misterio.

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La Centinela de las Alturas: El Mandato de Aranguren


Historias de Carlos Cordero

En el corazón de Ceuta, donde la montaña se funde con el cielo del Estrecho, existe un lugar que desafía el paso del tiempo y la lógica de la ciudad moderna: el monte Aranguren. No es solo un paraje de pinos y senderos; para muchos, es un santuario al aire libre custodiado por la bruma.

La crónica de este misterio comenzó hace años, tras las puertas cerradas de un hogar ceutí. La historia cuenta que, en la quietud de su domicilio, una mujer recibió una visita que cambiaría su vida para siempre. Sin heraldos ni multitudes, la Virgen se le manifestó con una petición clara y directa, debía ascender cada sábado a lo más alto del monte para interceder por una humanidad herida.

Desde aquel encuentro sobrenatural, la ladera de Aranguren se transforma cada semana. Lo que comenzó como la devoción solitaria de una mujer obedeciendo una revelación, se ha convertido en un peregrinaje silencioso y constante.

Allí, frente a la pequeña efigie de la Virgen de Aranguren, los fieles se agrupan formando un círculo de oración. No buscan milagros personales ni riquezas; su letanía es un ruego por las desgracias del mundo, una plegaria altruista que busca sanar los conflictos y el sufrimiento global.

No importa si el levante sopla con furia o si el sol de justicia abrasa la piedra. Cada sábado, la mujer que recibió el mensaje original encabeza el ascenso, cumpliendo una promesa que ya es parte de la identidad espiritual de la ciudad.

A diferencia de otros cultos, lo de Aranguren mantiene un aire de sobriedad y misterio. Es una fe que no necesita templos de piedra ni grandes ceremonias; le basta con el horizonte del mar y la fe de quienes suben buscando paz.

Para los ceutíes, este rincón del monte representa un pulmón espiritual. Es el lugar donde el ruido de la ciudad se apaga y las oraciones parecen llegar antes al cielo, elevadas por el viento constante que azota la cima. Es la historia de una mujer que escuchó una voz en su salón y terminó moviendo la fe de todo un pueblo hacia las alturas.

carlosCordero


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El Salvador del mixto de Cal y Cemento


Historias de Carlos Cordero

Aquella noche de 1980, el levante soplaba con la timidez justa para no castigar, dejando que el calor del verano se instalara en las esquinas del barrio del Mixto. En la "placilla", el mercado de abastos que servía de corazón y confesionario a los vecinos, el aire parecía vibrar con una electricidad distinta. No era el bullicio habitual de las redes de pesca o el trasiego de la fruta; era el preludio de un milagro.De pronto, un grito rasgó el sopor de la velada:

¡Lo he visto! ¡He visto a Jesús!La voz de la niña, aguda y cargada de una certeza que solo la infancia posee, atrajo a los vecinos como si fuera un imán. En una de las paredes laterales de la plaza, bañada por la luz amarillenta y mortecina de una farola, emergió la visión. 

Al principio, era solo una mancha difusa, pero a medida que los ojos se forzaban y la fe se contagiaba, los rasgos se volvieron nítidos. Allí estaba Él el rostro alargado, la mirada profunda y una barba profética que parecía brotar de la misma cal.

El barrio se transformó en un templo al aire libre. La noticia corrió por las callejuelas del Mixto más rápido que el aroma del pescado fresco.

Hombres y mujeres se dejaban caer de rodillas sobre el cemento caliente, con los rosarios enredados en dedos temblorosos.

.Hubo quienes juraron sentir un calor celestial, otros entraron en trances silenciosos, con la mirada perdida en aquel fresco improvisado que la divinidad había decidido regalarles en una humilde pared de barrio.

Durante días, el trasiego comercial de la placilla se tiñó de un respeto místico. El Mixto ya no era solo Ceuta; era Tierra Santa.

Pero los milagros, a veces, no sobreviven al regreso de las vacaciones. Una mañana, el chirrido de una persiana metálica marcó el fin de la era mesiánica. El guarda del mercado, con la piel curtida por el sol y el pragmatismo de quien conoce cada grieta de su dominio, regresaba a su puesto.Observó la multitud, los restos de velas y a los vecinos que señalaban la pared con ojos vidriosos. Frunció el ceño, no por revelación, sino por memoria técnica.

¿Pero qué hacéis? gruñó, rompiendo el hechizo.Sin ceremonia alguna, el hombre explicó la genealogía del santo: no era un enviado del cielo, sino un vestigio de las últimas elecciones. Un cartel de un candidato con barbas —algunos decían que era el mismísimo FRAY ARMADA o algún otro rostro de la época con aire de apóstol— que, castigado por el sol y la lluvia, se había mimetizado con la piedra hasta parecer una reliquia.

El guarda no esperó a que la teología resolviera el dilema. Trajo un cubo de cal, una brocha gorda y, con la misma parsimonia con la que se limpia un mostrador de carnicería, comenzó a cubrir al Salvador.

Trazo tras trazo, la divinidad desapareció bajo una capa de blanco inmaculado. La gente se dispersó en un silencio incómodo, guardando en el bolsillo sus oraciones a medio terminar. El Mixto volvió a ser el Mixto: un barrio con más arte que fe, donde un candidato político pudo ser Dios durante una semana de verano, hasta que la cal y el sentido común decidieron que ya había sido suficiente gloria por ese año.

CarlosCordero...

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Francisco Espíldora Muñoz......ceuta


 Francisco Espíldora Muñoz (Ceuta, España, 22 de octubre de 1948) es un exfutbolista español que se desempeñaba como defensa.[1]

Nacido en Ceuta, creció en Málaga desde los quince días de vida.[2]

Clubes

ClubPaísAño
Real Madrid C. F.España1969-1970
Villarreal C. F.España1971
Racing de SantanderEspaña1971-1975
Cádiz C. F.España1975-1976
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Fructuoso Miaja Sánchez....ceuta


 Fructuoso Miaja Sánchez nace en Ceuta, ciudad donde pasó su juventud. Ya desde muy joven manifestó una alta inquietud política. Con 19 años tuvo que huir de la misma con motivo de la Guerra Civil ante el peligro que corría su vida (permaneció escondido cinco meses en diversos paraderos para evitar su detención). Intentó cruzar el Estrecho de Gibraltar en un pesquero junto con otros compañeros republicanos en la tarde del día 19 de diciembre de 1936. Ante el mal tiempo reinante se optó por dirigirse al puerto de Tánger, ciudad desde que la pudo marchar en pocos días a Marsella y de ahí pasar a la zona republicana con destino Madrid (era sobrino del general José Miaja Menant, jefe de la defensa de la capital de España). Se incorporó al Ejército de la República y, al final de la contienda, fue apresado en el puerto de Alicante junto con otros cientos de republicanos que pretendían refugiarse en otros países y que no pudieron zarpar a tiempo. Tras la guerra fue represaliado, pasó un tiempo en el campo de concentración de Albatera para luego ser juzgado en Ceuta donde fue condenado a 12 años de prisión. Quedó libre en el año 1950, regresó a su ciudad y allí estuvo trabajando en un pequeño bar - Noray -, situado en las Puertas del Campo.

Si bien siempre fue objeto de vigilancia por parte del régimen franquista continuó su actividad política en la clandestinidad y ya en los albores del régimen democrático fue nombrado Presidente del PSOE ceutí (enero de 1977). Fue nombrado Senador en las elecciones generales de 1982 y Alcalde en el año 1987, cumpliendo un mandato en ambos cargos políticos. Una de las calles del centro de la ciudad lleva su nombre.